2 de abril de 2012
Epifanía No. 37
22 de diciembre de 2011
Let's Get Lost
1988// 120 min. // EEUU
Es inevitable relacionar la profesión del genio musical con la de un final trágico, en donde este "final trágico" se traduce en un suicidio, muerte por sobredosis de alguna droga u alcohol o un accidente automovílistico. El nombre del desdichado es intercambiable, así como el género musical, la época, el país o la edad. Pareciera que la gloria de los ídolos musicales se obtiene, en la mayoría de los casos, a costa de una vida tempestuosa.
Los orígenes se remontan a la juventud de Weber, quien a los dieciséis años compró su primer disco de Chet Baker, titulado "Chet Baker sings and plays with Bud Shank, Russ Freeman & strings" (1955) en una tienda de discos de Pittsburgh y la cual contenía la canción que da nombre al documental, episodio que dio inicio a su gusto por el jazzista.
Posteriormente, Weber conoció a Chet Baker en un club de Nueva York en 1986 y logró convencerlo para hacer una sesión de fotos y un cortometraje de tres minutos, pero después de que el jazzista comezó a abrirse ante Weber durante la convivencia entre ambos, el fotógrafo logró que Chet Baker aceptara participar en la filmación de una película más larga.
En dicho documental se nos presenta la vida de Chet Baker, sus inicios como ícono rebelde en los cincuenta que lo llevaron a la popularidad no solo por su interpretación de un jazz simple, tranquilo y melancólico, sino en buena parte gracias a su atractivo físico y su personalidad, sus posteriores relaciones conflictivas con tres distintas mujeres y finalmente los problemas con el abuso de sustancias.
No obstante, el documental también da cuenta de sus años juveniles, a través de testimonios de músicos amigos suyos, hombres de la industria musical que lo conocieron cuando recién comenzaba su carrera, y finalmente sus propios familiares: hijos, ex-parejas, su madre así como su pareja actual.
La postura de Weber no es la de mostrar un personaje unidimensional, tampoco adoptar un enfoque moralista que separe "lo que estuvo bien" conpra "lo que estuvo mal" en sus acciones, sino que a lo largo del documental se deja hablar a los personajes y al propio Chet con libertad, sin una narración en off que controle o pregunte de acuerdo a un guión preestablecido.
Bruce Webber, y esta es la razón por la cual se embarcó en tal proyecto, nos logra transmitir una fascinación personal, íntima por Chet Baker, pero no una fascinación morbosa o superficial, estilo groupie, sino una verdadera fascinación por la personalidad emanada del físico y la sensibilidad artística del músico.
A lo largo de Let's Get Lost vamos contagiándonos del talante único, irrepetible, plagado `e melancolía y extrañeza de Chet Baker, que a pesar de la vejez nos atrae con su voz, una voz joven y dulce, generando la idea de que música y hombre son una sola cosa, que la historia personal, tan tormentosa y conflictiva del jazzista se refleja en las canciones que vamos escuchando.
Imágenes y sonidos se enlazan con habilidad, y los diálogos pasan a segundo plano. La imagen de un Chet cansado en un estudio de grabación, apenas iluminado por tenues luces o aquella en la cual lo vemos ejecutando su sublime Almost Blue en un club durante una estancia en Francia ante un público desdeñoso, y la progresiva emanación de voz y música, se nos ofrecen no solo como tomas, sino también como momentos de gran valor poético que retratan a la perfección la sensibilidad del artista.
Luminosas son también las formas en que aquellos describen a Chet Baker en sus cualidades artísticas y emocionales, así como las constantes vueltas al pasado mediante las fotografías y videos que muestran a un joven pulcro, galante y atractivo en grabaciones, presentaciones e incluso participaciones en películas haciendo uso de su característica voz.
19 de diciembre de 2011
Literatura
4 de diciembre de 2011
Sombreros
¿No te das cuenta que en estos días todos andan vestidos de lo más sencillo por las calles? Atrévete a mirar por encima de tu ventana, a cualquier hora del día. Las mujeres ya no usan bolsos, los hombres van a trabajar con un morral de lo más ordinario, incluso los niños que antes se atiborraban de cajas de cartón para caminar con ellas sobre la cabeza o que jalaban latas de aluminio atadas con cordeles, han desaparecido.
Urgan todos ellos, eso sí, sus bolsillos. Los mueve aquella prisa fastidiosa que se debate por salir de cuadro o permanecer inmóviles en una esquina, optando casi siempre por la primera. Persíguelos hasta donde alcance tu mirada, cuando desaparezcan en el interior de un autobús o detrás de una puerta. Y ahora sí, con aquellas imágenes simples, sencillas, trata de evocarlos en el interior de tu conciencia.
Coge el bolígrafo lentamente, al tiempo que te hundes en los murmullos del presente, esos que nadie puede desechar a menos que comience a pensar en otra cosa. Manténlos un poco, como si contuvieras la respiración. Y ahora sí, mientras das rienda suelta a ese caballo desbocado que has arengado durante largas horas, te percatas de que las palabras salen, con una extraña soltura que no conoce adorno alguno en su apariencia.
27 de noviembre de 2011
parecen mirarnos a la cara con detenimiento, explorando en nuestra mente minuciosamente, como si quisieran provocarnos pensamientos pesados que nos saquen de quicio, hacernos desdeñar las seguridad de nuestro lecho durante el resto de horas antes del amanecer.
26 de noviembre de 2011
5 de octubre de 2011
Noche de diciembre [Fragmento]

"Poco después comenzó a llover, muy inocentemente al principio, pero el cielo estaba atestado de nubes y gradualmente las gotas se hicieron más grandes y más pesadas, hasta que lo que caía era una melancólica lluvia otoñal… una lluvia que parecía llenar el mundo entero con su plúmbeo golpeteo, una lluvia que sugería - en su tristeza – interminables precipitaciones pluviales entre los planetas, lluvia que techaba el cielo de lobreguez y pesaba opresivamente sobre toda la campiña como una enfermedad, fuerte en la potencia de su chata e invariable monotonía, su asfixiante pesadez, su fría e implacable crueldad.
Suave, suave, caía sobre toda la región, sobre las aplastadas hierbas de los pantanos, sobre el torturado lago, sobre los llanos color gris-acero, cubiertos de cascajo, sobre la sombría montaña que dominaba el pegujal, borroneando todo el paisaje. Y los golpes pesados, desesperantes, interminables, se insinuaban en cada una de las grietas de la casa, se pegaban a los oídos como algodón y lo abrazaban todo, como una historia carente de romanticismo, sacada de la vida misma, que no tuviese ritmo ni crescendo, ni clímax, pero que, aun así, resultase abrumadora en su alcance, terrorífica en su significado. Y en el fondo de ese no sondeado océano de hirviente lluvia estaba la casita, y su solitaria mujer neurótica."
Halldór Laxness, Gente Independiente
29 de septiembre de 2011
Ayuda
Doce señoritas del Colegio de Monjas, formando una fila india a la entrada del museo. El sol está pegando fuerte, hace que se impacienten aquellos retoños vestidos con sus faldas largas color negro, sonrisas en flor, cabellos dulcemente recogidos con un broche sobre la cabeza. Platican en voz baja. Son pocas las oportunidades que tienen de salir y divertirse.
"...Ayúdame Señor a inculcarles los valores cristianos a estas señoritas, como hasta ahora lo has hecho...", piensa Sor Inés, vigilándolas a unos pasos de distancia. Curtida en la férrea disciplina femenina, aquella anciana se debate últimamente entre la amargura y un amor cada vez más profundo hacia Dios. Pero la edad no perdona, y en lugares como este es que se da cuenta de las fuerzas perdidas.
"Qué distintas, Señor, las muchachas de hoy a las de mis tiempos. Antes, era muy común la vocación religiosa, era un orgullo en las familias el que sus hijas acariciaran la vida casta y el servicio hacia Dios de por vida. En cambio ahora... ahora se ve a la religión y las escuelas como la nuestra, como los únicos resquicios de la vida capaces de orientar y salvaguardar almas frágiles y confusas como son las niñas en este país."
Era cierto. Los padres de familia, recalcitrantes católicos, o simplemente angustiados hombres y mujeres con la esperanza de sacar adelante a sus hijas, veían en la escuela de monjas la oportunidad para sortear las turbulencias propias de la etapa juvenil de sus hijas.
"Después... Pobres, se extravían por completo. Pero, ¿qué le va uno a hacer?" Contempla el cuadro tan alegre que se desarrolla frente a ella. A pesar de no ser perfecto, pues imagina las dificultades internas de aquellas jovencitas, piensa que esta será la mejor época de sus vidas. Después... quién sabe. A lo mejor llegarán a ser buenas esposas, o buenas profesionistas. Buenas cristianas en todo caso.
Pero, ¿y si no? Las posibilidades se multiplican, atroces combinaciones, cualquiera de ellas capaz de llevarlas a perder su alma. Los padres y las madres, llorando detrás de un féretro, suplicando por la salvación de la niña muerta por una sobredosis, una golpiza de su marido, una enfermedad mortal contraída con un extraño... Cuanto sufrimiento podría evitarse.
"Decirles que busquen bien en su corazón, que sepan lo que quieren. Encontrar esa voz, hermosa, fuerte, invitándolas al único amor verdadero, al amor divino, que lo purifica todo..." Quisiera contagiarlas de ese calor inefable, sentido muchas décadas atrás, cuando recibiera los votos, pero le es imposible.
Las puertas del museo se abren. Las hermanas, compañeras de la órden, forman una valla alrededor de las niñas, hablándoles con claridad: "boleto en la mano señoritas". Una a una, entran en el ámbito oscuro del gran salón, desapareciendo sus voces detrás de los regaños de las profesoras, volviendo una vez más al órden y la disciplina. La hermana Inés pronuncia el amén de una oración, encaminándose, la última de todas, en dirección al recinto, desapareciendo por las puertas de cristal, adivinándose como una diminuta sombra desde fuera.
12 de septiembre de 2011
Amaneceres
Ya lo he visto infinidad de ocasiones
Y sin embargo cada vez es distinto
Los colores de ayer no se parecen a los de hoy
El cielo parece abrirse paso entre la luz
Como una verdad evidente
Tiene la tranquilidad de las cosas eternas
Esas que no hablan de dominio, poder o reino
Se extiende el amanecer como si fuera la primera vez
Desde la ventana, todavía sumido en una oscuridad impaciente
El firmamento es ancestral, anterior al hombre
Lo hace sentir a uno fantasma
Un mero accidente contemplando lo inefable
10 de septiembre de 2011
Blues

No es una tristeza atroz e inmóvil la que vertebra este canto.
Se mueve con soltura, camina con fuerza, causa estrépito a su paso
y en la noche solitaria refulge.
Es un espíritu gozoso
Marea interminable que sacude el cuerpo
Cuenta sus secretos en un lenguaje vivo, orgulloso
Y sobre las almas de quienes lo escuchan
se producen ecos, resonancia imperecedera.

