7 de mayo de 2013
Crónica de un interregno
10 de abril de 2013
Como un chiste que nadie más podría volver a escuchar. Mucho menos a comprender.
30 de marzo de 2013
Hace ya mucho tiempo, cuando era niño, la imagen lo era todo para mí. Amaba el dibujo, el simple hecho de tomar un lápiz y trazar contornos en una hoja de papel en blanco, constituía para mí un gran placer.
6 de diciembre de 2012
"En el fondo el fenómeno estético es sencillo; para ser poeta basta con tener la capacidad de estar viendo constantemente un juego viviente y de vivir rodeado de continuo por muchedumbres de espíritus; para ser dramaturgo basta con sentir el impulso de transformarse a sí mismo y de hablar por boca de otros cuerpos y otras almas"
Nietzsche, F., Nacimiento de la tragedia, traducción de Andrés Sánchez Pascual, Alianza, Madrid, 2000, Cap. 8, pp. 85-86
19 de diciembre de 2011
Literatura
12 de marzo de 2011
Inversión
Ciertos dioses niegan la posibilidad de mi existencia. No los culpo: sus altares me son inaccesibles cuando sueño.
17 de junio de 2010
Trascendente
En las paredes, el brillo tenue de la luz reflejado en un cuerpo
En el asfalto mojado, llevado y traído por pasos apresurados
Pero es algo imposible de lograr en un sólo viaje
La lluvia del tiempo se evapora, sin dejar rastro palpable
Hay una única salida viable, apenas un sucedaneo
Es emprenderla de detective, rastrear a paso firme en silencio
En unas cuantas miradas que floten por el aire
Interrogar las puertas cerradas del cuarto de los amantes
Hacer de incógnito para coger por sorpresa a la desesperanza,
encarnada en un rostro detenido frente a un escaparate
Montar la guardia en las terminales de autobuses
Amenazar con el puño a las sórdidas estrellas que se dejan tocar
por una noche, por un año, por un siglo antes de irse
Perseguir a los sospechosos de siempre que se ocultan
a la vista del público en los parques, en los almacenes
Hacer algo, inútil, vago, pero por lo menos intentarlo
Coger del cuello algo que se muestre con la sonrisa lasciva
de la inmovilidad, de la trascendencia
Aunque después nos haga un truco de esos que domina tan bien
Presentarnos lo simple, claro y distinto
bajo el disfraz humano de lo complejo, oscuro y monótono
Esconder sus pisadas tras un bello montaje
para hacernos rasgar las vestiduras, gritando, enloquecidos:
¿Cómo lo hace, cómo lo hace?
Perdidos, como siempre... tan lejanos de lo trascendente
10 de junio de 2010
Cada océano es un útero de vida, en silencio
Cada ciudad es una mezcla de seres, llenos de ruido
Que se debaten entre la angustia y la esperanza
Cada día cae en picada a las profundidades, muere
Cada noche asciende al firmamento, nace
Cada uno de nosotros, llenos de sueños
Que se debaten entre la memoria y el olvido
19 de mayo de 2010
15 de abril de 2010
- Juliancito, ¿Ya te conté la historia del gigante que vivía en el fondo del lago que se murió de tanto esperar a que regresara su amada, la cual era una reina del bosque?
- No abuelo, cuéntamela.
- Hoy no, mejor mañana. Los martes no puedo contar historias de gigantes ni de reinas.
- ¿pero por qué abuelo?
- Ah, porque la asociación de abuelos contadores de historias, misma a la que pertenezco, acordó en su reglamento las historias que sus miembros podían contar a sus nietos en qué día.
- ¡Ay abuelito! ¡ándale!
- No hijo, porque romper las reglas es algo muy grave. ¿No has oído hablar de lo que le pasó a Jacinto López, abuelo de Manuelito López, al cual se le ocurrió contar una historia sobre duendes y minotauros un sábado, día en que solo pueden contarse historias de faunos y héroes mitológicos?
- No abuelo, ¿qué le pasó?
- Quizás no deba decírtelo tampoco. Fue algo muy terrible.
- ¿Por qué abuelo? ¿Qué le hicieron? ¿Acaso lo partieron en pedacitos, lo convirtieron en escarabajo?
- No, no, no… Es algo que los nietecitos como tú no deben saber nunca, porque también contar acerca de los castigos que se imparten a los desobedientes del reglamento amerita un castigo. Como a Luis Jiménez Larios, el abuelito de …
- ¡Ay abuelo! Lo que pasa es que el día de hoy andas de maldoso. No me quieres decir nada. Te pasas abuelo.
- Como crees hijito, no es eso. La cosa no va por ahí. Mira, te expliqué alguna vez que los abuelitos que no cuentan historias a sus nietos por la noche antes de que se duerman, por una vez que no lo hagan, son también castigados. ¿No te acuerdas?
- No abuelo, para mí que es otra de tus mentiras.
- Acuérdate Juliancito. Incluso una ocasión, cuando me enfermé de gripe y tuve que estar todo el día y toda la noche sin poder levantarme de la cama, guardando reposo y tomando medicinas… al día siguiente de esa noche, en que no te conté ninguna historia… me castigaron.
- ¿Te castigaron? ¿Quiénes abuelo? ¿Los de la asociación?
- Así es, me castigaron.
- ¿Pero cómo abuelo? Si ese día y los demás que siguieron te vi muy bien. Estabas como siempre. No me vayas a decir que te hicieron cargar el mundo a tus espaldas o que te encerraron en un calabozo lleno de serpientes y tarántulas por un día y por una noche completa.
- No, no me hicieron eso. Lo que pasa es que los castigos se realizan en los sueños.
- Y de seguro no me vas a contar el sueño que tuviste, ¿verdad?
- No, porque más bien fue una pesadilla.
- Bueno, bueno. Entonces, ¿Qué historia me vas a contar hoy abuelo?
- Hoy, querido Juliancito, te voy a contar una historia sobre un domador de leones que se perdió en la Luna junto con una bailarina de TAP y de un arqueólogo famoso que andaba pasado de copas esa noche…
Ayer me fui a inscribir en la Asociación de Abuelos Contadores de Historias. En una de las paredes del viejo castillo en donde se reúnen para acordar si es apropiado o no contar historias sobre emperadores genocidas o como descubrir si el nieto está dormido de verdad o solo se esta haciendo, y otras cosas por el estilo, en ese lugar, colgada en un marco dorado sobre la pared, encontré una foto de alguien que yo conocí. Era mi abuelo, y estaba sonriendo. Aparecía dormido, seguramente alguien le estaba contado también una historia en ese momento.
10 de febrero de 2010
Animales de los espejos

En algún tomo de las Cartas edificantes y curiosas que aparecieron en París en la primera mitad del siglo XVIII, el P. Zallinger, de la Compañía de Jesús, proyectó un examen de las ilusiones y errores del vulgo de Cantón; en un censo preliminar anotó que el Pez era un ser fugitivo y resplandeciente que nadie había tocado, pero que muchos pretendían haber visto en el fondo de los espejos. El P. Zallinger murió en 1736 y el trabajo iniciado por su pluma quedó inconcluso; ciento cincuenta años después, Herbert Allen Giles tomó la tarea interrumpida.
Según Giles, la creencia del Pez es parte de un mito más amplio, que se refiere a la época legendaria del Emperador Amarillo.
En aquel tiempo, el mundo de los espejos y el mundo de los hombres no estaban, como ahora, incomunicados. Eran, además, muy diversos; no coincidían ni los seres ni los colores ni las formas. Ambos reinos, el especular y el humano, vivían en paz; se entraba y se salía por los espejos. Una noche, la gente del espejo invadió la tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas las artes mágicas del Emperador Amarillo prevalecieron. Éste rechazó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como en una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de su fuerza y de su figura y los redujo a meros reflejos serviles. Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico.
El primero que despertará será el Pez. En el fondo del espejo percibiremos una línea muy tenue y el color de esa línea será un color no parecido a ningún otro. Después, irán despertando las otras formas. Gradualmente diferirán de nosotros, gradualmente no nos imitarán. Romperán las barreras de vidrio o de metal y esta vez no serán vencidas. Junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.
En el Yunnan no se habla del Pez sino del Tigre del Espejo. Otros entienden que antes de la invasión oiremos desde el fondo de los espejos el rumor de las armas.
Jorge Luis Borges, Manual de Zoología Fantástica.
31 de octubre de 2009
Pequeña melancolía
Poco a poco va deslizándose, humildemente y por todos lados. Discreta, parece decirnos "lo he logrado, pero no se lo digas a nadie. Es nuestro secreto..." Y se aleja entre la majestuosidad del paisaje, aun entre la tierra o entre los muebles del departamento.
La noche llega y no puedo dormir. "¿Estás ahí compañero?" Es inútil. Hablamos lenguajes distintos. Lo único que nos hermana es ese sentimiento inevitable, la angustia por la fragilidad. Por la insignificancia.
Afuera todo permanece en relativa calma. El silencio del espacio, de las estrellas, las nebulosas y los vacíos inconmensurables. Dormimos por fin, olvidados a nuestras propias bellezas. Dormimos los diferentes insectos. Cada uno en nuestro propio rincón, en algún lugar del espacio.

30 de septiembre de 2009
Univers[al]idad
Al fondo del pasillo hay una inmensa escalera cuyos pasamanos están labrados de maderas finas, lo cual no deja de desentonar con la atmósfera más bien contemporánea de la Facultad. Esta escalera comunica cada piso del edificio, y enseguida que uno la conoce advierte que es tan distinta a las demás áreas de la Facultad. Más aún: al subir o bajar por sus solemnes escalinatas uno se siente inmerso en otra dimensión.
Pareciera que durante el tiempo que dura el ascenso o descenso, fueran a suceder cosas metafísicas o sobrenaturales sobre los mismos escalones. Una vez recuerdo que cuando niño me imaginé mientras subía uno de los pisos de entre el 23avo al 39avo, que en el piso inmediato me encontraría en la nada. Mi terror fue tan intenso que al instante me detuve, y ya no me atreví a seguir por verdadero pánico de que mis sospechas fueran ciertas.
Esa historia termina de forma patética, y harto penosa: Desde ese momento no me atrevo a subir más allá del piso 23. Cuando alguna asignatura es impartida en alguno de los pisos superiores al 23, simplemente no la tomo o la descarto al instante.
En cuanto a los salones, esos lugares inmensos en los cuales se imparten las áreas del conocimiento humano más nobles, siempre hay un aire impersonal que lo llena todo, lo mismo si se encuentran colmados de estudiantes que si sólo hay unos cuantos repartidos entre los pupitres de su majestuosa superficie.
Es tal la impresión que da la aquella atmósfera, que al salir del aula, al estar todavía frescas las impresiones de exactitud y belleza, eliminados los juicios personales y los sentires propios, que uno piensa encontrarse de frente en los pasillos, lo mismo a un quark, que una supernova; el Ser que el concepto de Logos.
He visto también en mi larga vida de estudiante los crudos efectos que toda esta experiencia provoca en otros: casos graves en los que los estudiantes han sufrido agudos transtornos depresivos y esquizofrénicos. Los comprendo, y doy gracias a la diosa Razón al permanecer aún hoy ileso cuando paso de un lado a otro de la línea, ya que salir de aquella mole la cual es en si misma un Universo a la pequeñez e insignificancia del mundo monótono, es en si una auténtica tragedia.

28 de febrero de 2009
La elite

Nadie de los que conozco en toda la estepa sabe como ingresar en la elite. Sólo sabemos que la elite es un grupo superior a nosotros. Ni siquiera J, el sabio de nuestra aldea, conoce algo más al respecto.
A pesar de esto nada puede explicarnos sobre la elite. Tiene sus hipótesis, como todos, pero nada en claro.
Sabemos que la elite existe porque la hemos visto, durante las noches de invierno escuchan sus voces al otro lado de la estepa, aunque la mayoría de las veces no sean más que murmullos, y su apariencia apenas se distingue en la oscuridad. También vemos sus luces de colores que se levantan en mitad de las tinieblas; y sonidos, muchos sonidos que no podemos explicar de donde provienen ni que significan.
El más desconcertante de todos los fenómenos originados allá afuera por la elite se sucedió en una noche estrellada, sin nubes: se escuchó por unos minutos un estruendo de tal magnitud que parecía que la tierra se abriría para tragarnos, o que el firmamento fuera a caerse en pedazos sobre la estepa.
[H, mi amigo de toda la vida, recuerda el estruendo. Lo recuerda como todos, pero más aún porque H es sordo de nacimiento, y aún así pudo escucharlo.
Cuando le pregunto, una y otra vez acerca del suceso, su respuesta es siempre la misma:
Su rostro se torna en un color pálido y sus ojos se dilatan en el más exacerbado asombro y ambos, H y yo, nos estremecemos con gran escalofrío, un pavor que parece aumentar en medio de estas noches sumidas en el silencio.]
Pienso que la elite es la causante de todo lo que el viejo J no es capaz de explicar. Que como tal, como un grupo de superiores, están por encima de la naturaleza y de todo cuanto existe. Su don de palabra será más hermoso que la de nuestro más grande sabio, su ciencia más avanzada, su poesía estará llena de cosas mucho más altas y más sublimes que las que habremos de conocer en toda nuestra vida, aquí dentro, aquí en la estepa.
Quizás algún día llegue a ser parte de la elite, para saber, como ellos de seguro saben desde hace mucho tiempo, el porque esta aldea se encuentra aislada de todo lo demás, aquí en esta estepa, separada por un muro invisible que no podemos traspasar.
Sueño con un día llegar a ser parte de la elite.