Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine. Mostrar todas las entradas

22 de diciembre de 2011

Let's Get Lost


Dir: Bruce Weber
1988// 120 min. // EEUU

Es inevitable relacionar la profesión del genio musical con la de un final trágico, en donde este "final trágico" se traduce en un suicidio, muerte por sobredosis de alguna droga u alcohol o un accidente automovílistico. El nombre del desdichado es intercambiable, así como el género musical, la época, el país o la edad. Pareciera que la gloria de los ídolos musicales se obtiene, en la mayoría de los casos, a costa de una vida tempestuosa.

A pesar de que el jazz no es un género musical muy popular entre las masas, si tiene una repercusión a nivel mundial que muchos otros envidian. Y aquellos personajes que conforman su turbulenta historia no han estado libres de los percances que significan la obtención de la fama y el dinero. Músicos geniales del jazz han terminado su vida sumidos en la miseria, destrozados por el alcohol o por las drogas. 

Chet Baker, jazzista que aún hoy sigue siendo enormemente popular entre los amantes del género, tiene una historia de este tipo. Representante del West Coast Jazz, una corriente de jazz que a diferencia de aquel que se tocaba en la parte Este de los EEUU no se conducía con el estilo del "bebop", Chet Baker se caracterizaba por contar con una voz melancólica y suave, así como por su ejecución  ligera y sutil de la trompeta, ambas cualidades capaces de fundirse en una sola corriente sonora. 

"Let's Get Lost" es un documental dirigido por Bruce Weber, un hombre que se volvió famoso en los años ochenta por ser el primero que vio potencial an mostrar a los modelos masculinos semidesnudos para anunciar marcas de ropa, y que no contaba propiamente con una formación cinematográfica. ¿Qué fue lo que propició entonces que caminos tan disímiles se conjuntaran para dar lugar a este documental?

Los orígenes se remontan a la juventud de Weber, quien a los dieciséis años compró su primer disco de Chet Baker, titulado "Chet Baker sings and plays with Bud Shank, Russ Freeman & strings" (1955) en una tienda de discos de Pittsburgh y la cual contenía la canción que da nombre al documental, episodio que dio inicio a su gusto por el jazzista.

Posteriormente, Weber conoció a Chet Baker en un club de Nueva York en 1986 y logró convencerlo para hacer una sesión de fotos y un cortometraje de tres minutos, pero después de que el jazzista comezó a abrirse ante Weber durante la convivencia entre ambos, el fotógrafo logró que Chet Baker aceptara  participar en la filmación de una película más larga.

En dicho documental se nos presenta la vida de Chet Baker, sus inicios como ícono rebelde en los cincuenta que lo llevaron a la popularidad  no solo por su interpretación de un jazz simple, tranquilo y melancólico, sino en buena parte gracias a su atractivo físico y su personalidad, sus posteriores relaciones conflictivas con tres distintas  mujeres y finalmente los problemas con el abuso de sustancias. 

Let's Get Lost está filmada en un tono oscuro, nostálgico. Un Chet Baker envejecido de finales de los ochenta nos platica algunos episodios de su vida, lo seguimos en una estancia por la costa francesa, en una grabación en un estudio musical y en sus andares cotidianos por las soleadas calles de California.

No obstante, el documental también da cuenta de sus años juveniles, a través de testimonios de músicos amigos suyos, hombres de la industria musical que lo conocieron cuando recién comenzaba su carrera, y finalmente sus propios familiares: hijos, ex-parejas, su madre así como su pareja actual. 

Lo que normalmente sería un documental tradicional sobre la vida y obra de un músico, en manos de Bruce Weber se transforma, afortunadamente, en un ejercicio artístico, saliéndose de un trabajo meramente convencional.

La postura de Weber no es la de mostrar un personaje unidimensional, tampoco adoptar un enfoque moralista que separe "lo que estuvo bien" conpra "lo que estuvo mal" en sus acciones, sino que a lo largo del documental se deja hablar a los personajes y al propio Chet con libertad, sin una narración en off que controle o pregunte de acuerdo a un guión preestablecido.

¿Cuál es, entonces, el hilo conductor de Let's Get Lost? En mi opinión se encuentra en una fotografía intimista y en la ejecución de las canciones de Chet, las cuales logran una narración más allá de todo lo que él omite con su silencio.

Bruce Webber, y esta es la razón por la cual se embarcó en tal proyecto, nos logra transmitir una fascinación personal, íntima por Chet Baker, pero no una fascinación morbosa o superficial, estilo groupie, sino una verdadera fascinación por la personalidad emanada del físico y la sensibilidad artística del músico.

A lo largo de Let's Get Lost vamos contagiándonos del talante único, irrepetible, plagado `e melancolía y extrañeza de Chet Baker, que a pesar de la vejez nos atrae con su voz, una voz joven y dulce, generando la idea de que música y hombre son una sola cosa, que la historia personal, tan tormentosa y conflictiva del jazzista se refleja en las canciones que vamos escuchando.

Imágenes y sonidos se enlazan con habilidad, y los diálogos pasan a segundo plano. La imagen de un Chet cansado en un estudio de grabación, apenas iluminado por tenues luces o aquella en la cual lo vemos ejecutando su sublime Almost Blue en un club durante una estancia en Francia ante un público desdeñoso, y la  progresiva emanación de voz y música, se nos ofrecen no solo como tomas, sino también como momentos de gran valor poético que retratan a la perfección la sensibilidad del artista.

No obstante todo lo dicho anteriormente, el tono del documental no es completamenpe sombrío: el mismo título del documental, "Let’s Get Lost", es una melodía alegre, luminosa, como muchas otras en la obra del artista, algunas de las cuales escuchamos junto con aquelhas de tinte nostálgico a lo largo de la cinta.

Alegres y divertidas son también algunas anécdotas contadas por amigos y familiares, como aquella que trata de aclarar qué sucedió realmente en una trifulca en plena calle y que termina dejándonos en la duda por las versiones encontradas (aunque todo parece apuntar a una mentira en la versión del propio Chet).

Luminosas son también las formas en que aquellos describen a Chet Baker en sus cualidades artísticas y emocionales, así como las constantes vueltas al pasado mediante las fotografías y videos que muestran a un joven pulcro, galante y atractivo en grabaciones, presentaciones e incluso participaciones en películas haciendo uso de su característica voz.  

Let’s Get Lost me parece una demostración de cómo, a pesar de la vejez, de abandono del cuidado físico y de esa soledad interior que termina aquejando a esos verdaderos artistas, es posible encontrar una cierta belleza y luminosidad en ellos que persiste y logra fascinarnos. En este caso, en la música y personalidad de Chet Baker.



3 de agosto de 2010

Había una vez un "yo" cinéfilo...

Hace unos pocos días volví a comprar películas del tipo que llaman "cine de autor": "Vertigo", de Alfred Hitchocock, la más celebrada por sus críticos y con una trama desconcertante; "Nostalgia", del que considero el cineasta más poético de todos los tiempos y uno de mis favoritos: Andrei Tarkovsky y "Sed de mal", de Orson Welles quien revolucionó la forma de hacer cine con su "Ciudadano Kane". 

Lo anterior no tendría nada de importante de no ser porque ya tenía algo de tiempo en que no adquiría este tipo de películas, de las cuales soy un adicto. Aunque no presumo de saber de cine, la verdad es que en los últimos dos años me ha entrado la inquietud y la curiosidad por ver todo tipo de cine de calidad, llámese cine de arte, cine de autor, cine de culto, etc, etc. 

Me confieso adicto porque hubo una época en que compraba hasta cuatro películas por semana, época que por diversas cuestiones ya llegó a su fin. Con el tiempo me fuí diversificando: no sólo compraba películas sino que cuando podía iba a la Cineteca Nacional que está por Coyoacán o de plano descargaba títulos por internet a diestra y siniestra. 

Fiel a mi costumbre de quererlo todo en el menor tiempo posible, algo así como volverme una enciclopedia cinematográfica andante, sólo que prescindiendo de la erudición con que muchos se pavonean ante los demás, veía todo tipo de cine: italiano, francés, americano, alemán, oriental, latino, etc. Todo tipo de directores: Fellini, Hitchcock, Kurosawa, Bergman, Truffaut, De Sicca, Wenders, Jarmusch y todo tipo de épocas: cine mudo, contemporáneo, neorrealismo italiano, de la posguerra, etc. 

Hablo en pasado porque ya tiene tiempo que no veo mucho cine. Eso aunado a la descompostura de mi computadora recién unas semanas, me arrojó a un periodo de vacaciones cinematográficas inusual en mí. Pero esta inquietud de cine no meramente comercial no se limita a la mera visión, sino que siempre me ha gustado platicar sobre títulos de cine con mis conocidos y amigos, hacer reseñas (como ya se habrán dado cuenta en este blog) y conocer todo lo que hay detrás de este llamado "séptimo arte". 

Como parte de todo esto, es que abrí un grupo en una red social en que se discutiría sobre películas recientes y antiguas para darlas a conocer entre los miembros y así conocer y compartir nuestros gustos. Desafortunadamente no prosperó, y curiosamente, dado que soy muy insistente en cuanto a mis obsesiones, es que meses después he abierto un grupo que tratará de abordar lo mismo, sólo que en otra red social y con más empeño y optimismo. 

No se culpen a las vacaciones por hacerme abrir blogs nuevos y espacios diversos sobre diversos temas. Es algo inevitable y que no puedo parar, jajaja. Para los interesados en unirse al proyecto de un servidor, y así compartir las películas que han marcado su vida que quieren que otros disfruten y conozcan, pueden unirse al grupo, sólo envíenme un correo para que les mande la invitación. Eso si, es necesario que tengan una cuenta en la famosa red social de la "F" para que puedan pertenecer a él.

21 de enero de 2010

A m'arcòrd di Fefe

(20 de enero de 1920 – 31 de octubre de 1993)

"No hay fin. No hay principio. Hay sólamente la infinita pasión de la vida."

Había una vez un hombre que soñó en nombre de todos nosotros, que se atrevió a gritar de que estaban hechas nuestras vidas, nuestras ilusiones, nuestros deseos ,nuestras tragedias, victorias, y nuestros miedos. Ese grito armonioso, bello y profundo, circula en viva voz de sus películas. Hablo de aquel que ayer cumplió 90 años de nacimiento. De Federico Fellini, el querido "Fefe". 

"No voy a demostrar nada, voy a mostrarlo", dijo una ocasión. Y vaya que mostró todo lo que tenía que mostrar. Mostrar sin tapujos sus propios recuerdos, los más profundos, los más nostálgicos, que aunque muy suyos en el fondo eran comunes a todos nosotros.

Para ello se valió de la mejor forma posible, la que usan los genios y los visionarios: creó una nueva forma de narrar este universo. Las vidas de sus personajes, el ambiente, sus historias. Todo ya estaba antes de que él llegará. Su logro es haber presentado de forma magistral lo más importante, lo más profundo de eso que ya existía. 

Noventa años han pasado desde el inicio de eso, del "yo recuerdo", del "No tener nada que decir", de caminar por una "strada", de esta "dolce vita", de estos "espíritus". Sirva esta breve entrada como un humilde agradecimiento personal al maestro de maestros del cine no solo italiano, sino del cine mundial. 


 



11 de noviembre de 2009

8 ½


Una tarde cualquiera del mes de abril de este año, llegué al salón de actos de la Facultad de Filosofía y Letras para asistir a la proyección de la película 8 ½ de Federico Fellini. El número de personas que ocupábamos el recinto aquel día, se contaban con los dedos de la mano. De Fellini no conocía mucho. Hasta ese entonces únicamente había visto de él su película para televisión "Los payasos" (I Clowns, 1971) que, eso si, me había gustado mucho. Claro, lo poco que sabía de FeFe me había dado la suficiente curiosidad como para saber más de su obra. Así que cuanto me enteré que exhibirían una película suya en la Facu, no dudé en asistir.

Y debo admitir que desde la primera escena quedé cautivado: la secuencia de un hombre atrapado en su automóvil en mitad del tráfico, a punto de asfixiarse con el monóxido de carbono, logra escapar y echa a volar por sobre los otros autos. La mezcla entre los elementos oníricos y reales, (la secuencia es parte de un sueño) hacen de aquel momento uno de los más geniales de la historia del cine. Claro, es necesario verlo para compartir esa emoción que yo sentí aquella tarde. ¿Qué vi? Lo siguiente:

El protagonista es Guido Anselmi, director de cine de gran fama quien se encuentra “filmando” su más reciente trabajo. Y digo se encuentra “filmando” porque lo que menos hace a lo largo de la película es eso, trabajar en su más reciente película. Da la casualidad de que el pobre Guido atraviesa una crisis no sólo creativa, sino personal y hasta existencial: no tiene ni la más remota idea de cómo sacar adelante su película, la cual ni siquiera ha iniciado el rodaje y para la que ha audicionado a decenas de mujeres para el papel principal sin decidirse a escoger una. No hay un guión, ni una trama ni personajes definidos y su productor se encuentra preocupado. Lo único que lo motiva a seguir financiando este barco a la deriva es el gran prestigio logrado por Guido en anteriores trabajos.

Presionado a cada momento por la prensa, actores, staff, productor y amigos para conocer sobre que tratará su último filme, Guido se refugia en sus recuerdos: evocaciones de mujeres que han ocupado un lugar importante en su vida, los fantasmas de su pasado que son intercalados de manera inteligente y dan a 8 ½ una profundidad asombrosa; iniciando una vertiginosa carrera que parece desembocar en la tragedia.

De la vida de Guido sabemos que fue un conquistador y mujeriego, pero que ahora se encuentra dominado a cada momento por estas mujeres a las cuales es incapaz de amar, pero de las que busca aunque sea un pequeño resquicio para salir avante. Cuando la situación parece insostenible, agobiado por sus amigos, compañeros de trabajo, y por esos fantasmas y recuerdos... Aquí el gran Fellini nos deleita con un final sorpresivo.


La película en sí se encuentra salpicada acá y allá de imágenes poderosas, que incluso podrían calificarse de poéticas. A pesar de parecer la trama muy llana, la de un hombre sumido en una crisis, es la interacción con los otros personajes de parte de Guido hace que la obra se sostenga y alcance niveles genuinos. Como olvidar resaltar a un sublime Marcelo Mastroianni que logra con creces ponerse en los pies del protagónico, haciendo de esta actuación que hace del agobiado Guido Anselmi una de las más fregonas de toda la historia del cine.

Si quieren ver una película que los deje con un gran sabor de boca y con ganas de cuestionarse su propia vida, vean 8 ½ de Fellini. Por si no los contagié del todo de esta película que ya he visto como cinco veces la cual no está de más decir que es de mis favoritas, sólo les comento que es para muchos la obra maestra del que es considerado por muchos el mayor genio de la historia del cine. Quien si no el gran FeFe.

6 de marzo de 2009

La fiesta de los oscar... segunda parte, Slumdog y la misma trama


Fue hasta hace unos pocos días que pude ver la película ganadora de los premios Oscar en su edición 2009: Slumdog Millionaire, traducida en México como Quisiera ser millionario. Mucho había oído hablar acerca de este filme. Que si la industria de Hollywood por fin había reconocido una película fuera de las tramas que se acostumbran hacer en los EEUU (recordemos que Slumdog... es de producción británico-hindú), que si esta película era un himno a la vida, un mensaje optimista y alentador en medio de estos tiempos de crisis que se viven en el mundo...

En fin, que yo quería ver la mentada película para poder opinar a conciencia. Y la verdad, en lo personal, me ha dejado con la impresión de aquel que a una atracción turística popular que resulta ser poco interesante y muy mediática. Eso es Slumdog, una película muy mediática. Sobrevalorada es la palabra, que se ajusta a la perfección a dicha película.

Una producción que utiliza el realismo como hilo conductor de la primera parte... pero un pésimo desarrollo a la "cuento de hadas" en su segunda mitad. Si, muchos dirán que soy el típico sujeto que piensa que la vida no es felicidad y que alabo el pesimismo. Pues no, Slumdog pudo haber sido optimista y gustarme. Pero fue optimista irreal y no me gustó. Es buena, el argumento es original y hay partes muy emotivas e intensas en ella, pero creo que es una película "buena" a secas. Nada sorprendente.

Curiosamente la reacción de su director y el equipo de producción me dan a mí y a muchos que compartimos estas opiniones, la razón, ya que al hacer esta película nunca se imaginaron pelear por el "premio gordo" de los premios cinematográficos de EEUU (incluir al término "mundo" sería arriesgado), sino que pensaron que la película no iba a recibir mucha atención de los medios.

Podemos explicar esta curiosa cuestión si analizamos el año cinematográfico que acaba de pasar. Hollywood pasa por una de sus peores crisis, no ya económica sino argumentativa-creativa. Vamos, las películas que estuvieron nominadas este año al Oscar no le llegan a muchas de las nominadas del año anterior, o de otros años. Este "vacío" de buenas producciones explica en buena medida el triunfo de Slumdog.

Ya discutía hace unas semanas lo controvertido que es el oscar. Su politización y su preferencia por lo convencional y lo correcto en términos morales. Muchos dirán que Slumdog acabó con ese "sistema" este año. Yo les preguntaría, ¿en verdad rompió con él? Porque si vemos Slumdog detalladamente nos daremos cuenta que en ciertas partes es una trama más del héroe que triunfa al final, lo cual ya es un asunto bastante choteado en la historia del cine de EEUU. Ya saben, el sueño americano, la filosofía utilitarista que permea las relaciones socio-económicos de los habitantes de la potencia más poderosa del mundo.

Así que no nos sorprendamos de que estén por venir más Titanics, más Gladiators, más Chicagos, grandes producciones que maravillan por sus efectos, sus secuencias de acción y sobretodo por las celebridades que participan en ellas. El cine comprometido con la calidad es ignorado, sin más. Los premios oscar me parecen un espectáculo brillante, pero nada más. Más interesante reulta ver películas de festivales europeos, como el de Berlín, Venecia o Cannes, en los que por lo menos hay mejores películas.

26 de febrero de 2009

El ladrón de bicicletas


Una de las obras maestras del neorrealismo italiano, y más aún, de la cinematografía mundial, el Ladrón de bicicletas es una película que retrata el frío y desesperanzador mundo que legó a Europa la segunda guerra mundial, un continente hundido en la miseria que trataba de reconstruirse de entre los escombros ocasionados por el conflicto que propició el hambre y la ceguera de los gobiernos fascistas de Mussolini en Italia [país en el cual se desarrolla la trama de la película], y Hitler en la Alemania Nazi.

Pero esta reconstrucción de la posguerra no puede evitar caer en el egoísmo y en los intereses personales. Cada hombre tiene que vérselas consigo mismo, el fracaso de las ambiciones colectivas ha dejado a la Italia vencida en un momento hostil e incierto cuyas heridas tardaran en cicatrizar, más por las acciones individuales de sus habitantes que por un espíritu de unidad nacional. Después de todo, cruel ironía, ese supuesto espíritu fue el culpable de la ruina causada.

Es en medio de esta atmósfera de la Italia vencida que se presenta la acción del filme. Antonio Ricci es un hombre que después de mucho tiempo de estar desempleado consigue por fin un trabajo que lo sacará de la miseria en la que se haya junto con su familia. Atrás paracen quedar los tristes tiempos de empeñar todos los enseres de la casa para obtener dinero para sobrevivir. La labor consiste en pegar carteles en la ciudad, y para ello necesitará de una bicicleta, requisito indispensable para poder movilizarse entre las calles con rapidez.

Antonio saca la bicicleta del empeño en que la tenía, pero es en el primer día que sucede la tragedia que será el móvil de toda la trama: un chico roba la bicicleta cuando este se encuentra distraído pegando el primero de los carteles. Antonio emprende la búsqueda del instrumento sin el cual la vida les seguirá siendo dura como hasta ese momento junto con su hijo. Incertidumbre, realismo. Instrumentos sencillos, producto de un excelente guión, sin necesidad de un gran presupuesto o grandes actores. Sólo por decir un dato curioso: los actores no son profesionales. No pierdan de vista la actuación del niño que interpreta a Bruno, el hijo de Antonio Ricci, su actuación es conmovedora.

¿Identificarse con el personaje principal al menos en algún momento de nuestra vida? Imposible no hacerlo.

Ganadora del oscar en 1949 por Mejor película extranjera, pero no dejen que sea este el único argumento para verla. Con Oscar o sin oscar El ladrón de bicicletas es una película inolvidable, que si bien puede que les arranque algunas lágrimas a muchos de nosotros (sobretodo en la secuencia final) nos hará ver lo que pocas cintas logran: tener la sensación de percibir la vida msima frente a la pantalla.

19 de febrero de 2009

La Fiesta gringa de los Premios Oscar


Se acerca, como cada año, a finales de este mes, la entrega de los premios de la Academia, mejor conocidos como "Oscares". Ni la crisis presente, la más fuerte desde aquella de los años 30's del siglo pasado, ensombrece el glamour, el colorido, la espectacularidad que representa el "acontecimiento más importante del cine" en aquel país. ¡Impensable! Podrá perderse la guerra de Vietnam, morir Luther King, J.F.K. o sucederse el Watergate, pero nunca dejar de existir uno de los símbolos más poderosos del autodenominado "mundo libre". ¡Ja!

Seamos sinceros, el Oscar es una fiesta, un espectáculo. Pero nada más. La alfombra roja, la aparición de los semidioses llamados "celebridades de Hollywood"... ¿Calidad cinematográfica? Muy pocas veces se puede ver. Si revisan los filmes ganadores de la categoría de Mejor Película a través de la historia (1928- 2008) se podrán dar cuenta de lo que hablo. Rocky, Titanic, Chicago, El espectáculo más grande del mundo, La vuelta al mundo en 80 días, La novicia rebelde son sólo algunos ejemplos... What? The Best Pictures? ¿Dónde quedaron filmes como Ciudadano Kane, Odisea 2001, Terciopelo Azul, Toro Salvaje, Taxi Driver, etc, etc.? Aquellas cintas que debían premiarse como se merece fueron ignoradas. ¿Por qué razón? ¿Mejor película o Película más conveniente?

"Mejor película" se llama el premio principal. Sólo es eso, el nombre, porque los oscares están teñidos de política. Los "académicos", esos que votan para elegir lo mejor del cine del año anterior, entre los que se encuentran críticos de cine, productores, algunos actores, directores y especialistas técnicos del cine (fotógrafos, editores de sonido, etc, etc.) premian, por lo general, un mensaje, una tendencia, una moraleja más que una buena película. Aquellos llamados "valores americanos" tan choteados y vomitivos, irónicos porque sólo los gringos saben que significan [Irak, Afganistán, Vietnam, Corea del norte, etc, etc, nunca los entendieron]: justicia, democracia, el-eterno-tema-del-héroe-que-se-sobrepone-a-la desgracia-y-triunfa, valor, etc... son los temas que dominan las películas valoradas por la Academia. ¡Oh! ¿Moral o buen cine? He ahí la paradoja. Los oscares son la historia de la primera. Lo politicamente correcto domina por sobre la calidad cinematográfica.

Esto quiere decir que las películas subversivas, escandalosas, violentas, con temas tabú y/o controvertidas son relegadas muy a pesar de su buena calidad. Ejemplos: Secreto en la montaña, Pulp Fiction, Rescatando al Soldado Ryan, La naranja mecánica, L.A. Confidential, además de las mencionadas con anterioridad son algunas que nunca ganaron el dichoso premio, a pesar de que lo merecían con creces. Omisiones que a través de la historia pesan y hacen que se cuestione el prestigio de estos supuestos "mejores premios" de la que se hace llamar la "mejor industria cinematográfica" del mundo.

Continuará...

14 de febrero de 2009

No más efectos especiales por favor...


Alguna vez un amigo me invitó a ver una película rara, de aquellas que se hacen con poco presupuesto, pero que aún así ganan muchos premios en festivales internacionales alrededor del mundo. Mi amigo estaba extasiado, porque a pesar de que la temporada de verano tenía tiempo que estaba comenzada (y que con ella las películas más esperadas por todos habían llegado a los cines de nuestro país, que no son otras que las de más presupuesto, ¡wow!) no hacía más que esperar aquella otra cinta, ajena al todopoderoso mainstream cinematográfico made in Hollywood, una de esas que nunca anuncian en los espectaculares y en la televisión y que por lo tanto nadie llega a enterarse nunca de su existencia. Bueno, nadie excepto mi buen amigo.
Yo acepté, aunque igual presentía que la cosa no terminaría de buena forma, dada la incompatibilidad de gustos cinematográficos que se había anunciado en la plática de camino al cine al que nos dirigíamos, el cual no llega a tener más de cincuenta espectadores en cada función que proyecta (en fin: cine de esos que proyectan puras películas raras, de esas que a mi amigo, a quien para efectos de practicidad llamaremos “Elías”, le interesan), ya que nos dimos cuenta que mientras que para Elías una producción X era notable y la comentaba con júbilo y emoción, para mí era como si me estuvieran hablando sobre la teoría cuántica y sus implicaciones en la ciencia contemporánea… y viceversa.

Debo confesar que aquella película que vimos me pareció muy aburrida. No había autos volando por los aires, persecuciones de carretera a gran velocidad, ni criaturas espaciales, ni enormes naves extraterrestres… solamente actores declamando diálogos planos, solamente eso que se llama trama.

¿Por qué? ¿Qué no saben esas personas como mi amigo que el cine debe ser espectacular, lleno de ángulos imposibles, de tomas que te levantan del asiento, que te dejan con la boca abierta, con el alma en vilo a cada segundo sin saber cuanto más va a subir nuestra adrenalina en la siguiente escena?

Al salir de la sala de aquella cineteca el debate no se hizo esperar. Mi amigo defendía ese cine que llamaba de contenido. Mientras yo argumentaba a favor del cine gringo, aquel que nos ha regalado joyas tales como Parque Jurásico, Día de la independencia y más recientemente, por citar sólo una clásica: la saga de Rápido y furioso.

Pues nada, que el debate acabó en una aporía. Y en la resolución, anunciada de forma sutil por Elías, de no volverme a invitar a otra función de aquel cine que él llama “independiente”/ “de arte”/ “de autor”, etc., etc.… Que yo era un caso perdido, que por personas como yo era que el país estaba como estaba y cosas así.

Lo siento por él. Pero yo necesito algo que me saque de mi estado de confort. Algo que me aleje de la cotidianeidad, de la linealidad, de lo racional. Dejar atrás la ininteligible atmósfera de la política, de los rollos filosóficos, de la caótica sociedad que se cae a pedazos a nuestro alrededor. En fin: Que mejor que auto recetarse una película con “FX”.

¿Qué no entienden la contradicción en que acabo de incurrir? Pues fácil, redacté mi experiencia de igual forma que el maestro Borges en su fantástico cuento La forma de la espada para que ustedes pudieran seguirme. Que resulta que el tal Elías soy yo.

Me desanima el que las películas que veo anunciadas a cada rato en los cines están repletas de efectos especiales, de tramas con guiones pésimos y totalmente predecibles. Más aún: el que terminemos creyendo que esto, las películas llenas de FX (“Efectos especiales” en el argot siempre abreviacionista de nuestros vecinos del norte), forman parte de nuestra vida.

Que muchos terminan creyendo que una película sin FX no es una película, sino una cosa rara, espectáculo de freaks incomprendidos de nuestra sociedad. En suma: que echo pestes del cine comercial estadounidense.

Ahora si, ustedes que comparten la forma de pensar de mi buen amigo que no quise nombrar, ustedes la gente común y corriente, los habituados al cine de efectos especiales ajenos al mundo incomprendido ese de nosotros los freaks pseudo intelectuales. Anden, vamos: desprécienme.

17 de enero de 2009

Las tortugas también vuelan...


Año 2003. Los EEUU están por invadir Iraq, con la absurda premisa de buscar las armas de destrucción masiva que hay en ese país. El infame y cretino George W. Bush buscará saciarse de petróleo aunque la infamia cueste la vida de miles de personas. La inmensa mayoría serán civiles.

Las tortugas también vuelan (2004), coproducción Irano- iraquí se sitúa en este contexto. En un campamento de refugiados kurdos cerca de la frontera con Turquía subsisten un grupo de niños huérfanos, quienes recolectan minas antipersona a cielo abierto que luego venden para ganar un poco de dinero para sobrevivir, arriesgando su vida por unas cuantas monedas que los ayuden a sobrrevivir a duras penas por lo menos otro día más.

Uno de estos niños, apodado Sr. Satellite de unos 12 o 13 años, es el líder que organiza y protege como puede a los demás, lo más cercano que puede haber a un tutor. Satellite asume un papel que no le corresponde y que no puede llevar.

Los otros pobladores, los adultos apenas si pueden proteger a sus propias familia, imperando un estado de "velar cada uno por su propia persona". Obsesionados por un inminente ataque, los pobladores del campamento están al pendiente de todas las noticias que puedan prevenirlos de un ataque bélico. El punto de irrupción en la cinta se presenta un día en que llegan al campamento Hengov y Agrin, dos chicos de unos 12 años, quienes al parecer también se han quedado huérfanos. Ambos cuidan de un niño estrábico de 2 años llamado Riga. Hengov no tiene brazos, seguramente a causa de un accidente recolectando minas. Misterioso y retraído, tiene la visiones proféticas acerca del futuro inmediato. Agrin es todavía más cerrada que su hermano, su rostro se nos aparece como un cúmulo de desolación y tristeza, el cual parece esconder un secreto que le atormenta y le llena de sufrimiento. Estos tres viven del sustento que el propio Hengov les proporciona (¡todavía!) recogiendo minas al igual que los otros niños.

Satellite conoce a Agrin y rápidamente se enamora de ella, por lo que tratará de acercarse a ella, pero la respuesta ante sus reiterados intentos es siempre la misma: una profunda indiferencia. No pasa mucho para que el secreto se descubra: Riga, el pequeño niño estrábico es producto de una violación cometida años atrás a Agrin por un grupo de soldados en presencia de su hermano. Agrin es una niña que es obligada a ser madre, a madurar antes de tiempo y a deshacerse, al igual que los huérfanos que arriesgan su vida recogiendo minas, aunque de una forma mucho peor. Agrin piensa que su vida ha sido destruida, sólo piensa en terminar de una vez por todas con el dolor y la vergüenza de una vez por todas, a pesar de que su hermano luche constantemente por impedírselo...

Una película valiente, que se atreve a retratar la crudeza de la guerra, haciéndonos vivir en cada uno de los personajes y en su historia la miseria humana que provoca la guerra. Las tortugas... es una película que por su contenido y la forma en que suceden los hechos bien puede parecer muy fuerte a gran parte del público que la ve, quienes no se sentirán cómodos de ver a niños mancos y tullidos a causa de la guerra, gente sumida en la miseria y la incertidumbre; escenas que hablan de la violencia y de las atrocidades sucedidas en un país sin ley y cuya justicia y protección a la vida es practicamente inexistente, producto en buena parte por los intereses de ambición y egoísmo de un imperialismo que basa su poder y subsistencia en la premisa de la mediatización del valor del ser humano.

Una salida fácil y en la que podría caerse con facilidad sería la lástima. Podríamos sentirnos mal durante el tiempo que dura la película y olvidarlo todo en un instante para no sentirnos tan mal con lo que miles de personas viven diariamente del otro lado del mundo. Pero, ¿realmente podremos ignorar los horrores de la guerra sucedidos y que suceden, con sólo apagar el televisor o cerrar el periódico ante las noticias negras? La cinta no apela a la compasión del auditorio, sino a la conciencia. A un despertar de nuestra responsabilidad social y ética en tales situaciones, aun cuando muchos pensemos que no somos parte del problema y que mucho menos podremos ser parte de la solución. Ser concientes de la realidad de nuestro mundo, de nuestros semejantes es el principio para reconocernos en el mundo y para poder actuar de una manera efectiva en un corto plazo. Si primero no nos damos cuenta de lo que se vive en el mundo, ¿cómo podremos después luchar contra lo que está mal y provoca injusticia? He ahí el primer paso al que apela esta interesante película.

Hablamos de una cinta cuyo peso está en la carga emotiva que desarrollan los protagonistas y que se muestra a cada minuto en pantalla, protagonistas que no estamos acostumbrados a mirar en este tipo de temáticas bélicas, pero a fin de cuenta son quienes más sufren y llevan las de perder en todo momento. Los desprotegidos: los niños.