17 de junio de 2010
Trascendente
En las paredes, el brillo tenue de la luz reflejado en un cuerpo
En el asfalto mojado, llevado y traído por pasos apresurados
Pero es algo imposible de lograr en un sólo viaje
La lluvia del tiempo se evapora, sin dejar rastro palpable
Hay una única salida viable, apenas un sucedaneo
Es emprenderla de detective, rastrear a paso firme en silencio
En unas cuantas miradas que floten por el aire
Interrogar las puertas cerradas del cuarto de los amantes
Hacer de incógnito para coger por sorpresa a la desesperanza,
encarnada en un rostro detenido frente a un escaparate
Montar la guardia en las terminales de autobuses
Amenazar con el puño a las sórdidas estrellas que se dejan tocar
por una noche, por un año, por un siglo antes de irse
Perseguir a los sospechosos de siempre que se ocultan
a la vista del público en los parques, en los almacenes
Hacer algo, inútil, vago, pero por lo menos intentarlo
Coger del cuello algo que se muestre con la sonrisa lasciva
de la inmovilidad, de la trascendencia
Aunque después nos haga un truco de esos que domina tan bien
Presentarnos lo simple, claro y distinto
bajo el disfraz humano de lo complejo, oscuro y monótono
Esconder sus pisadas tras un bello montaje
para hacernos rasgar las vestiduras, gritando, enloquecidos:
¿Cómo lo hace, cómo lo hace?
Perdidos, como siempre... tan lejanos de lo trascendente
14 de junio de 2010
10 de junio de 2010
Cada océano es un útero de vida, en silencio
Cada ciudad es una mezcla de seres, llenos de ruido
Que se debaten entre la angustia y la esperanza
Cada día cae en picada a las profundidades, muere
Cada noche asciende al firmamento, nace
Cada uno de nosotros, llenos de sueños
Que se debaten entre la memoria y el olvido
6 de junio de 2010
Acerca de este problema Judith piensa de la misma forma. Desafortunadamente no podemos resolverlo. Es imposible acostarnos juntos, pasar la noche platicando mientras le inventamos estrellas a la oscuridad del techo, ya que en la tarde somos separados, arrancados de esta extraña relación que nos mantiene cuerdos. A ella se la llevan al ala este, donde están las “Amazonas”, mientras que a mí me depositan en la oeste, junto con los “espartanos”.
Recuerdo que en una ocasión, cuando niño, leí en una revista el extraño caso de un par de prisioneros de una cárcel de Siberia, un hombre y una mujer, los cuales mantenían relaciones interpersonales por vía telepática. Relataba que tal proeza fue conseguida después de años de práctica, orillados como estaban a superar un aislamiento casi completo en el que vivían el uno con respecto del otro, ya que el único momento en el día que se veían era un pequeño instante cuando eran conducidos de vuelta de las labores de trabajo. En ese lapso, que duraba unos cuantos segundos, sólo los separaba una pequeña rejilla, la cual servía como división entre la fila de los hombres y las mujeres.
Mediante mensajes que dejaban cada día al pasar por aquel lugar, mensajes escritos en minúsculos trozos de papel doblados de la forma más pequeña posible para evitar ser advertidos por los guardias, constataban que lo que habían captado el uno del otro la noche o tarde anterior era real, no una mera ficción producto de una locura claustrofóbica o de sugestiones mutuas. Años antes de morir, ya ancianos, fueron liberados. Vivieron el tiempo suficiente para conocerse mutuamente y para relatar su hazaña al mundo.
Le conté esto a Judith, quien solo atino a reírse como histérica. Luego me dijo que “en verdad estaba mal de la cabeza, pero que era normal”. Que “cada uno de nosotros tenía derecho a inventarse su propia locura, algo personal y enfermizo que, de alguna forma, ayudara a mantenernos en pie, que nos diera esperanzas”.
Judith, mi triste y escéptica Judith, única voz que escucho con anhelo de entre todo este ruido que pulula a todas horas, todos los días alrededor de mí, en esta casa de locos. Va llegando la hora de que nos muramos, lejanos los dos como hasta antes de conocernos hace ya tantos años. Tu Judith, la chica que organizó un motín y sobrevivió. Yo, que lloré todas las noches durante seis meses, desde el primer día en la soledad de mi habitación, aguardando una muerte repentina y piadosa. Tan diferentes el uno del otro, aunque con una hora en común, infaltable, en que nos reunimos para intercambiar palabras (o silencios cómodos, contemplaciones de ángeles, según sea el caso). Todo esto con el mismo escenario de siempre: la banca bajo un árbol enclenque del jardín que hay en el patio.
Judith. No podemos soñar juntos, tampoco podemos contarnos historias que nos ayuden a dormir. Cuando al mediodía te cuento mis empresas ingeniosas, mis sueños que se asoman como hilillos de luz cada día al despertarme, te pones a reír como tonta. Los juzgas imposibles, como animales producto de delirios. Como figuras de chocolate dejadas al sol en un día caluroso. Quizás lo único que compartamos es esta esperanza, que, (ahora lo sé) sirve para mantenernos vivos el tiempo suficiente que haga falta para salir. Y una vez afuera, sin paredes ni ilusiones de por medio, nos daremos cuenta, de una vez por todas, que no tenemos nada en común.
31 de mayo de 2010
Vivir de la literatura
Franz Kafka
"Aparte de mi situación familiar, no podría vivir de la literatura debido al lento proceso de elaboración de mis trabajos y a su carácter especial. Por añadidura, mi salud y mi carácter me impiden dedicarme a una vida que, en el mejor de los casos, sería incierta. Por consiguiente estoy empleado en una compañía de seguros sociales. Ahora bien, esas dos profesiones jamás pueden soportarse mutuamente ni permitir una felicidad común. La menor felicidad en una se convierte en enorme desgracia para la segunda. Si una noche logro escribir algo bueno, al día siguiente no consigo hacer nada en la oficina. Este continuo contraste empeora cada vez más. En la oficina cumplo externamente con mis obligaciones, pero no así interiormente. Y toda obligación interna no cumplida se convierte en una desgracia, que ya no se mueve de mí." *
27 de mayo de 2010
Nublado

No he entendido nunca porque tantas personas detestan los días nublados. ¿Será por esa común asociación de lo gris con lo triste? Curiosa cosa eso de la asociación de colores con los estados de ánimo. Aunque si de asociación de ideas se trata, me parece más divertido cuando te hacen el Test de Rorschach... Yo lo hice una vez y no puedo recordar las imágenes que dije que veía en las tarjetas que me enseñó la psicóloga aquella vez. De seguro fueron figuras muy imaginativas las que encontré, aunque nada grave que me ganara el refundimiento a un centro psiquiátrico.
Las asociaciones de ideas suceden todo el tiempo. Son los bonitos, sencillos y cotidianos puentes que unen nuestros pensamientos durante el día. Me gustaría alguna vez poder llevar, aunque sea durante 24 horas, el registro de las asociaciones que se van dando por mi mente. Seguro me sorprendería de las que se van sucediendo de un minuto a otro, más bien de unos cuantos segundos, confirmando así que mi mente es una cosa de lo más inquieta.
Relaciono los días nublados con las tardes de primaria. No sé porque, pero así sucede. Quizás es porque se me quedaron grabados algunos días de entre octubre y noviembre de aquellos años, en que los días eran nublados. Yo iba a la escuela por la tarde, algo muy extraño porque según he constatado casi nadie va en ese turno. Lástima, porque una de las ventajas de ser vespertino es que hay menos alumnos, los recreos se disfrutan más porque hay más espacio por alumno en el patio y las convivencia con los compañeros en las clases no son tan estresantes.
De 1997 a 2001, que es cuando salí de primaria, fuí en la tarde. En mi salón nunca pasamos de los 13 alumnos, lo cual hasta la fecha es un récord porque no he conocido a nadie que haya tenido esa cantidad de compañeros de salón en sus respectivas escuelas. Así también podría asociar doblemente: mi pasado en la primaria- los días nublados- la añoranza por no toparme con las multitudes a cada paso que doy. Porque, ¿qué otra cosa más nos ha transtornado sino la de ser cada vez más personas en esta ciudad?
Ya nadie muere solo, porque en cada semáforo hay una buena dotación de autos, peatones y animales callejeros. Los sueños son los únicos espacios que se resisten a ser ocupados por completo, siendo enormes terrenos baldíos que podemos llenar a voluntad de la forma que queramos cada noche al acostarnos. Ayer, después de mucho tiempo, tuve un sueño realmente feliz. No porque tenga pesadillas todas las noches, sino porque los otros sueños que había tenido amanecieron sin etiquetas. Al recordarlos a lo largo del día, no podía asociarlos a algo como la tristeza, o el miedo.
Imagino que el cielo se ríe de nosotros por asociarle emociones, cada vez que salimos a la escuela o al trabajo por la mañana. Como si él tuviera la culpa de que la mañana del miércoles X nos sentimos deilusionados de nuestra situación actual... no queda más remedio que achacarle aquello que es sólo nuestro, esa cosa rara que se da en nuestras mentes: "El día esta feo, la noche está emocionante, la tarde está aburrida..." Nunca decimos más: "el cielo está nublado, simplemente nublado." Sería como decir que no pensamos, como admitir que nuestra mente está en blanco, como desnuda de asociaciones...
19 de mayo de 2010
7 de mayo de 2010
Retratos
1 de mayo de 2010
Las personas y los libros
26 de abril de 2010
Mateo Domínguez
"Solamente vengo de paso. No estoy dispuesto a quedarme aquí mucho tiempo. Se entiende, ¿no? Mi lugar es la villa, no esta ciudad, que apenas comprendo. Agradezco la hospitalidad de mi hijo, y de mi nuera, pero es cuestión de tiempo para que me regrese. Por lo mientras me paso algunos días con ellos. Haga de cuenta que estoy de vacaciones, lo cual ya es mucho para un campesino como yo, viudo y que gracias a Dios todavía anda trabajando. Así como me ve de viejo, creería usted que estoy para la tumba. Pero no, no señor.
"Pero mire, ya empezó el partido. Espero que ganen, es un partido decisivo. No aposté a mi equipo, pero aún así sufro mucho cuando pierden. Claro, no ganamos ni perdemos nada en realidad, al final ellos, los jugadores y el entrenador, son a quienes les pagan, y es la misma cantidad de dinero igual pierdan que empaten o ganen. Por eso el ser aficionado es doloroso. Sabe, se sufre mucho.
"¿Y las cosas como le pintan a usted? Bien, supongo.
"¿No? Ah caray, ¿Y eso? Ya veo, comprendo. Pero mire, que no es el único que se las está viendo difícil en estos tiempos. Le comentaba en otra ocasión que mi hijo el mayor está en los Estados Unidos desde hace varios años, ¿se acuerda? Es más, creo que lo llegó a ver una que otra ocasión, cuando chamaco, antes de irse. Si, ese mero, Matías. Pues allá también está difícil la situación, no sólo aquí. Después de todo de allá viene la mentada crisis.
"¡Híjole! ¿Vio eso? ¡Pero si era un gol cantado! Fue una gran atajada del portero del equipo rival, lo reconozco. Si no la desvía ya iríamos arriba en el marcador. Siempre he pensado que el ser portero es uno de los oficios más difíciles que hay. Pero mire, que ya hemos vuelto a hablar de fútbol, usted perdone. Creo que no le gusta mucho esto de los deportes, ¿no?
"¿Si le gustan? Qué bueno. ¿Y a qué equipo le va? No, espere, mejor no me diga. Así sin saberlo está mejor, no vaya ser que luego nos enemistemos. Siempre he pensado que de tres cosas no hay que hablar, porque se crea mucha discusión: ni de política, ni de fútbol ni de religión. Trato de hablar lo menos que puedo de esos tres temas. De cada uno tengo opiniones que bien me pueden costar amistades, por eso es mejor tener la mente ocupada en otras cosas. Como el trabajo.
"Siempre he dicho que el trabajo lo mantiene a uno vivo. En mi caso señor Alfonso, si no trabajo me muero. Si, aunque usted no lo crea. Pienso que el día en que deje de trabajar será el mismo día en que me pele de este mundo. Se lo he dicho a mi mujer. Le he dicho: "Inés, estamos viejos, pero siéntete bien de que a diferencia de otros que nada más se la pasan sentados esperando que venga la muerte, nosotros estamos todavía activos. Ya no de aquí para allá como cuando jovencillos, pero por lo menos activos."
"Porque ya ve usted, no le estoy descubriendo el hilo negro: seguramente lo habrá escuchado por las noticias o contado de mucha gente mucho más culta que yo. Eso de que el mantenerse activo lo mantiene a uno más sano. No le diré que estoy lleno de vigor ni lozano que echo lumbre, pero tampoco estoy tan amolado como otros de mi edad..."
La plática sigue hasta altas horas de la noche. Los dos hombres intercambian opiniones sobre un sinfín de temas que abarcan desde sus concepciones de la vida y del hombre, hasta trivialidades como la presente situación del combinado nacional de fútbol. Al despedirse reafirman su gran simpatía mutua y se expresan un cúmulo de generosidades y buenos deseos. Quedan con la promesa de volverse a ver en las próximas navidades, cuando el señor Mateo vuelva a visitar junto con su esposa a la familia de su hijo.
Sin embargo, como suele suceder tantas veces en igual número de situaciones, el abrazo de navidad entre ambos hombres nunca se sucederá. El señor Mateo Domínguez habrá de fallecer dentro de un par de semanas, una noche mientras duerma, a causa de una falla cardiaca producto de tantos años de esfuerzo y agotamiento.