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20 de mayo de 2016

Los últimos días del sitio de Tenochtitlan




Ms. Anónimo de Tlatelolco


Y todo esto pasó con nosotros.
Nosotros lo vimos,
nosotros lo admiramos.
Con esta lamentosa y triste suerte
nos vimos angustiados.

En los caminos yacen dardos rotos,
los cabellos están esparcidos.
Destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.

Gusanos pululan por calles y plazas,
y en las paredes están salpicados los sesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas,
y cuando las bebimos,
es como si bebiéramos agua de salitre.

Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe,
y era nuestra herencia una red de agujeros.
Con los escudos fue su resguardo, pero
ni con escudos puede ser sostenida su soledad.

Hemos comido palos de colorín,
hemos masticado grama salitrosa,
piedras de adobe, lagartijas,
ratones, tierra en polvo, gusanos . . .

Comimos la carne apenas,
sobre el fuego estaba puesta.
Cuando estaba cocida la carne,
de allí la arrebataban,
en el fuego mismo, la comían.

Se nos puso precio.
Precio del joven, del sacerdote,
del niño y de la doncella.

Basta: de un pobre era el precio
sólo dos puñados de maíz,
sólo diez tortas de mosco;
sólo era nuestro precio veinte tortas de grama salitrosa.

Oro, jades, mantas ricas,
plumajes de quetzal,
todo eso que es precioso,
en nada fue estimado . . .


En Visión de los vencidos. Relaciones indígenas de la conquista, introducción, selección y notas de Miguel León-Portillatraducción de textos nahuas por Ángel Ma. Garibay K.



7 de mayo de 2016

El amor no se dice



María Luisa Puga


Los ojos abiertos, redondos de abiertos y todo a la mano. Nariz, frente, boca, tan cerca, tan tuya, tan tú que yo me perdía, me sumía, me negaba a mí misma y no era una entrega. Es absurda la entrega. Es unión, es fusión, es vivir sin mentira ni frases amables, corteses o dulces. O dulces. El amor no se dice. Se hace. Y la cara refleja la vida que sientes y duele y alivia y roza, acaricia o quema o asusta o deslumbra o se apaga, despierta, te acerca, te lleva, te toca, te ocupa y te mueres, al fin, se te muere la idea que tanto querías y creías que eras tú. Y pensar que luego se enciende un cigarrillo. 


 En Las posibilidades del odio (novela).
 

31 de enero de 2016

El sufrimiento



José Revueltas


El mundo puede ser inconmensurable; pueden existir países y montañas y ríos y ciudadanos.  Pero el sufrimiento humano, aún el más grande, el sufrimiento que no tenga medida, puede caber en sólo un pedacito de la tierra, en un pedacito pequeño, donde quepan un pie o una mirada.


en La conjetura.

26 de enero de 2016

El infierno




Italo Calvino


"(...) El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio.”

en Las ciudades invisibles.

1 de noviembre de 2015

Un lago



Vicente Huidobro


Me olvidaba deciros que también hay un lago y que este lago se aleja según la dirección del viento. A veces llega hasta a perderse de vista, a veces pasa largos años ausente y vuelve de otro color. A veces tiene hambre y maldice a los hombres que no naufragan a la hora debida. Otras veces camina en cuatro patas y roe durante horas y horas los despojos de tanta tragedia acumulados en sus orillas o los reflejos de quién sabe qué tiempos secretos. 


En Temblor de cielo.

16 de mayo de 2015

Orgullo de lector


Gaston Bachelard


En cuanto a nosotros, aficionados a la lectura feliz, no leemos ni releemos más que lo que nos gusta, con un pequeño orgullo de lector mezclado con mucho entusiasmo. Mientras el orgullo suele desarrollarse por lo general en un sentimiento avasallador que pesa sobre todo el psiquismo, la punta de orgullo que nace de la adhesión a una dicha de imagen, es siempre discreta, secreta. Está en nosotros, simples lectores, para nosotros, únicamente para nosotros. Es un orgullo de cámara. Nadie sabe que revivimos, leyendo, nuestras tentaciones de ser poetas. Todo lector un poco apasionado por la lectura, alienta y reprime, leyendo, un deseo de ser escritor. Cuando la página leída es demasiado bella la modestia reprime ese deseo. Pero el deseo renace. De todas maneras, todo lector que relee una obra que ama, sabe que las páginas amadas le conciernen.



En La póetica del espacio.






13 de julio de 2011

Hombres de ceniza


Francis Scott Fitzgerald 


A cosa de medio camino de West Egg a Nueva York, la carretera se reúne apresuradamente con el ferrocarril, y corre a su lado por espacio de un cuarto de milla, como para apartarse de cierta desolada extensión de terreno: un valle ceniciento, una fantástica granja donde las cenizas crecen como el trigo, por las colinas, ribazos y grotescos jardines, donde las cenizas adquieren formas de casas, chimeneas y ascendentes humaredas, y finalmente, con un formidable esfuerzo de imaginación, siluetas de hombres grises que se mueven apagadamente, desmoronándose a través de la polvorienta atmósfera.
Una hilera de grises coches serpentea a veces por una invisible carretera; crujen espantosamente y se tumban a descansar; inmediatamente, los grises hombres de ceniza aparecen, agitando, con pesadas azadas, una impenetrable nube que oculta a la vista sus turbias operaciones.


 De El Gran Gatsby





21 de abril de 2011

Una aproximación a la definición de amor


Marguerite Yourcenar


"En el caso de la mayoría de los seres, los contactos más ligeros y superficiales bastan para contentar nuestro deseo, y aun para hartarlo. Si insisten, multiplicándose en torno de una criatura única hasta envolverla por entero; si cada parcela de un cuerpo se llena para nosotros de tantas significaciones trastornadoras como los rasgos de un rostro; si un solo ser, en vez de inspirarnos irritación placer o hastío, nos hostiga como una música y nos atormenta como un problema; si pasa de la periferia de nuestro universo a su centro, llegando a sernos más indispensable que nuestro propio ser, entonces tiene lugar el asombroso prodigio en el que veo, más que un simple juego de la carne, una invasión de la carne por el espíritu."


En Memorias de Adriano, trad. Julio Cortázar






31 de mayo de 2010

Vivir de la literatura


Franz Kafka


"Aparte de mi situación familiar, no podría vivir de la literatura debido al lento proceso de elaboración de mis trabajos y a su carácter especial. Por añadidura, mi salud y mi carácter me impiden dedicarme a una vida que, en el mejor de los casos, sería incierta. Por consiguiente estoy empleado en una compañía de seguros sociales. Ahora bien, esas dos profesiones jamás pueden soportarse mutuamente ni permitir una felicidad común. La menor felicidad en una se convierte en enorme desgracia para la segunda. Si una noche logro escribir algo bueno, al día siguiente no consigo hacer nada en la oficina.  Este continuo contraste empeora cada vez más. En la oficina cumplo externamente con mis obligaciones, pero no así interiormente. Y toda obligación interna no cumplida se convierte en una desgracia, que ya no se mueve de mí." *


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* En Gajes del oficio. La pasión de escribir, Selección y edición de Delia Juárez González, Cal y Arena, México, 2007, p. 233. Tomado a su vez de "Escritos sobre el arte de escribir", Trad. Michael Faber-Kaiser, Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja, Madrid, 2003.



1 de mayo de 2010

Las personas y los libros


Silvia Plath


"Sigo considerando infinitamente más importantes a las personas que los libros, con lo cual nunca llegaré a ser erudita. Soy perfectamente consciente de ello y también sé que mi curiosidad intelectual vitalista jamás podría encontrar satisfacción en la minuciosa acumulación de detalles para una tesis doctoral. Creo que ese tipo de especialización sencillamente no es lo mío. Me gusta leer sobre muchos temas: arte, psicología, filosofía, francés y literatura, y vivir y ver mundo, y conocer a fondo a las personas que lo pueblan y escribir poesías y prosa, en vez de convertirme en una engreída experta sobre algún autor secundario de hace doscientos años, por la mera razón de que todavía nadie haya escrito nada sobre él."


La cita anterior proviene del texto Cartas a mi madre, traducido al español por Montserrat Abelló y Mireia Bofill, publicado por la editorial Grijalbo, 1989. Por mi parte, lo tomé del fantástico libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, donde su autora, Delia Juárez González hace una excelente selección de fragmentos escritos por autores literarios de talla internacional, (Henry James, Gustave Flaubert, Lev Tolstoi, James Joyce, por nombrar unos cuantos) los cuales cuentan lo que piensan acerca de la literatura: como la viven, sienten, trabajan y sufren. En fin, los gajes del oficio de escribir. Una recopilación altamente recomendable para todos aquellos que deseen conocer, de viva voz de los grandes escritores, lo que hay tras el trabajo de la imaginación creadora.