Quizás los inicios de la vida sean más fecundos artísticamente hablando, pero muy pocos se percatan del poder disponible y lo utilizan. El resto del tiempo que nos queda, en el cual propiamente nos formamos como individuos, es ya demasiado tarde para manifestar nuestros sueños. La vida se inserta en sus múltiples apariciones dentro y alrededor del cuerpo, distrayéndonos con sus rumores inquietantes, sin dar tregua alguna, instándonos a llenar todos los espacios con el pesado yo. Y para no sentirnos mal pretextamos sentencias macabras: que los sueños no son de nadie, que la poesía es una incompletitud, que la imaginación es, ha sido y siempre será la loca de la casa.
23 de mayo de 2012
Quizás los inicios de la vida sean más fecundos artísticamente hablando, pero muy pocos se percatan del poder disponible y lo utilizan. El resto del tiempo que nos queda, en el cual propiamente nos formamos como individuos, es ya demasiado tarde para manifestar nuestros sueños. La vida se inserta en sus múltiples apariciones dentro y alrededor del cuerpo, distrayéndonos con sus rumores inquietantes, sin dar tregua alguna, instándonos a llenar todos los espacios con el pesado yo. Y para no sentirnos mal pretextamos sentencias macabras: que los sueños no son de nadie, que la poesía es una incompletitud, que la imaginación es, ha sido y siempre será la loca de la casa.
16 de abril de 2011
La idea del pecado parte de considerar al cuerpo como un bello instrumento, un arpa quizás. Si hay un exceso en el uso de este instrumento, dejará de producir armonías y canciones deliciosas. También si no se utiliza como corresponde, igual que tocar un violín con el tallo de una planta o toser en la boquilla de una flauta. Más, ¿por qué ver a un cuerpo como un instrumento cuyo único propósito es proporcionar armonías? ¿Quién dijo que fuimos hechos con una boquilla que solo tiene un uso correcto, o que nuestra piel es un conjunto de cuerdas que desafina si no es tocada de una forma adecuada?
28 de septiembre de 2010
18 de septiembre de 2010
Nihil novum sub sole
22 de julio de 2010
Apología personal Nº 37
30 de marzo de 2010
Los Messer Chups y el delirante anhelo de ser único

En gustos musicales como en general en la vida, hay que salirse de lo convencional. Es por eso que siempre critico a aquellos que adoptan una tribu urbana y la defienden a muerte con todo lo que ella implica: modo de vestir, gustos musicales, tipo de amistades, forma de hablar, de moverse... ¡incluso forma de pensar! Como si cada uno de ellos fuera un jodido robot hecho en un molde y no pudiera, ni quisiera, salirse de él.
En mi caso, el de un humilde estudiante de filosofía amante del cine de arte y de la música no tan estruendosa, pretendo no ser nada establecido, sino tomar fragmentos de aquí y allá, cosas que no formen algo homogéneo. En ese sentido ser impredecible, incluso abiertamente contradictorio conmigo mismo y con mis gustos. Los Messer Chups, banda musical rusa, la cual es una de las predilectas de un servidor desde hace algunos ayeres, ilustra bien todo eso que trato de decirles.
Su estilo, que trata de homenajear a las cintas de Clase B (películas de bajo presupuesto) gringas de los años 50' y 60, cuya temática era el terror y ciencia ficción, el cual salpica a cada instante en sus rolas, creando una especie de perfomance sonoro que se complementa de manera visual e igual de alucinante con la vestimenta de sus integrantes, los videos hechos para sus canciones así como el arte de sus discos. Cada parte fundamental para entender un todo que se hace llamar Messer Chups.
Así, al escucharlos, el resultado es una mezcla de ritmos tan disimiles como son el surf, circus music, jazz y fragmentos de sonido de dichas películas de vampiros, hombres lobo, zombies, mutantes y monstruos espaciales; que en su tiempo en E.E.U.U fueron lo que las del Santo y Blue Demon contra los monstruos para nosotros. Si quisiéramos encontrar alguna similitud, levemente lo tendríamos con Lost Acapulco con eso de incorporar la añoranza por el mal cine de antaño en su música, pero sólo en esa parte, porque en lo demás la onda de los Messer es totalmente propia. Se cuece aparte.
Juzguen por ustedes mismos:
21 de febrero de 2010
Sobrevivir
Mi rostro pegado contra la ventana del metrobús. Yo dormido. Afuera la ciudad que regresa a la normalidad, después de una semana terrible de caos, de furia. Omito los sonidos de fuera. Esta vez sólo escucharé mis pensamientos.
Despierto en mi asiento, dentro del metrobús. Afuera los autos y edificios me dan la bienvenida con sus rumores vespertinos. Dentro de unos momentos me lanzaré con ellos en una épica cuyo propósito es el de ocupar un espacio, no importa si pequeño o grande. Ya sea de manera activa o intelectiva hay que empezar. Suficiente, es hora de la supervivencia…
8 de enero de 2010
Algo sobre ese río que llamamos tiempo...
16 de diciembre de 2009
Aunque sea por un momento...
4 de octubre de 2009
Superhéroes
Una de las pocas cosas que compartí con los niños de mi edad, fue el gusto por los superhéroes. Lo admito, además, la cosa no es nada grave. Como muchos, coleccioné albumes con estampas, comics, figuras de acción... Y seguramente en alguna ocasión soñé con tener superpoderes. En suma: el paquete completo de la fase niño-fanático-superhéroes.
Claro está que la edad va cambiando las cosas. Además de la obvia pérdida de la inocencia y todo ese rollo de convertirse en adulto y sus implicaciones, uno se da cuenta que eso de ser superhéroe no es la gran cosa. Y lo digo desde un punto de vista teórico, reflexivo (me refiero a que lógicamente uno no se da cuenta de esto siendo superhéroe en la vida real ).
¿O es qué aquellos tipos enmascarados que defienden la justicia y la paz no tienen también una existencia desastrosa y caótica igual que la que nosotros, los simples mortales soportamos everyday? Claro, la ficción los defiende (la mayoría de las veces) de peligros como la muerte; pero por el contrario no puede hacer nada contra cuestiones tales como el desarrollo de una doble vida, el no poder llevar una vida normal (ya saben, esa que los neoliberales estandarizaron: casa, coche, esposa, hijos, lic en Sistemas/ Administración de empresas, ipod...) En suma: ser un superhero trae, inevitablemente, la marginación.
Vistos desde ese modo, los superhéroes no deberían inspirarnos más que compasión y tristeza. Excluídos por la gente normal por el hecho de ser distintos (debido a sus "poderes"), los héroes de ficción tienen que aprender a vivir en una atmósfera constante de tensión, de conflicto que fluctua entre el odio y el reconocimiento.
Porque Spiderman nunca va a poder ir a Tepito o a Iztapalapa como ciudadano común y disfrutar de un paseo tranquilo ya que le quedaría la preocupación de que tarde o temprano su sentido arácnido se le activará cuando a Maria Juana (Mary Jane para los anglos) le quieran dar baje con su bolsa y él use sus poderes para atrapar al malhechor... y entonces todos se darán cuenta que San Juditas le hizo el milagro de darle superpoderes bien chidos... luego el acabose, ya que entonces:
-- Sería explotado por el gobierno calderonista el cual lo usaría como emblema del sexenio, colgándose de sus triunfos y aventándose sus vomitivos discursos como el que "gracias al gobierno que toma acciones, es que los mexicanos ahora están protegidos contra la delincuencia y el narco"...
--y sería llevado a todos los programas matutinos basura de Telerisa y Tv Apesta, los cuales se pelearían entre sí para tenerlo y aumentar el rating, poniéndolo a competir en concursos absurdos de famosos y a bailar entre conductores carentes de materia gris y tendría que soportar que las Maribel Guard o las Ingrid Coronado le tiraran los perros a indiscreción...
-- las marcas transnacionales como Gillette, Coca Cola o hasta Men Force y Nixxon lo asediarían hasta el cansancio para que accediera a aparecer por millone$ de pesosen sus respectivas campañas publicitarias (diablos! hay algo peor que imaginarse a Spiderman diciendo que "con N. se siente en las nubes" ??)...
-- Después de formar parte del MP, PGR y el ejército, así como la AAA, el CMLL y la Femexfut (¿?), los de "La Familia" le llegaría al precio y se pasaría al lado oscuro, aunque no se salvaría ya que igual se tendría que cuidar de las traiciones de sus compañeros del mal...
-- y ya no analizamos como afectaría esto su vida conyugal, sólo porque ya no nos da tiempo.
Ejemplos de porque los pobres superhéroes sufren, hay muchos. Y para ser un marginal, un excluido de la sociedad, prefiero ser un citizen común y corriente. Prefiero, una que otra vez, y siempre y cuando la situación lo requiera, aventarme a rescatar niños de edificios en llamas y realizar maniobras de resucitación cuando a mis amigos se les atore un sabritón en la garganta...
En suma, que eso de las alienaciones y los conflictos existenciales, sin embargo, pueden darse sin necesidad de pasar por el doloroso proceso de "super heroicización". Me explico: no tenemos necesidad de ser super héroes para ser marginales. Quizás esté entendiendo al super héroe desde su aspecto más trivial, prescindiendo de la carecterística determinante: la de los super poderes. Pero por otro lado, si lo vemos desde un punto de vista más abstracto, creo que la marginalidad es un aspecto que hace del super héroe un ser interesante y que inconscientemente actúa en nosotros para dotarlo (en estos tiempos cada vez más alejados de lo irreal) todavía de una vigencia y actualidad constante...
De cualquier forma y aunque no venga al caso, me daré el lujo de confesarles (nótese el grave caso de regresión infantil), que si pudiera ser un encapuchado con capa e identidad secreta, escogería el poder de la teletransportación: ¡Zuuuumm! *
* Supuesta onomatopeya que indica una teletransportación, y en el caso de la presente entrada funciona también como despedida (N. del A.)
18 de agosto de 2009
Constatando la otredad...
De vez en cuando, al salir de casa por la mañana, hay que echar un vistazo a la primera plana de los periódicos... para constatar que la fotografía con el cadaver de un hombre que aparece en la portada no es un retrato nuestro... Luego entonces, podemos seguir adelante con nuestras vidas...
2 de julio de 2009
Epitafios

"...Y no tengan miedo"
Epitafio de Jorge Luis Borges
* * *
"Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar"
Epitafio de Vicente Huidobro
* * *
Rarezas mías aparte, confieso que lo único que me gusta de cuando tengo que acudir a un cementerio ya sea por obligación o compromiso, es leer los diversos epitafios se encuentran en las criptas. Cuando los hay, claro está.
Lástima que en México la mayoría son epitafios de índole religiosa: citas bíblicas, mensajes de los familiares al difunto, que en Stricto sensu no son auténticos epitafios ya que en mi opinión el epitafio es un acto individual y no un homenaje de parte de los deudos.
Pasa que, como la mayoría de los seres humanos morimos un día indeterminado, bajo circunstancias que nos son desconocidas, todo lo referente a como afrontar ese momento es algo siempre repentino. Pocos son los que meditan y piensan sobre su futura muerte. Así, los epitafios no son algo común. Pocos son a los que se les ocurre realizarlos.
¿Pero por qué o para qué se hacen los epitafios? ¿Para seguir vivo de alguna forma y ayudar a recordar de nuestra existencia a los que nos sobreviven? ¿Para dejar constancia de que existimos en este mundo? ¿Para expresar el pensamiento que el ahora ocupante de la tumba tuvo en vida? ¿Para hacer de una tumba algo más que un monumento poco práctico que contiene nuestros restos descompuestos a pocos metros de profundidad en la tierra? ¿O sólo para constatar que vivimos en el absurdo?
Lo que es un hecho es que el epitafio será leído mínimamente una vez: por el que habrá de labrarlo en la lápida o por el familiar quien ejecute la última voluntad del fallecido mandando poner la inscripción.
En la mente de aquellos dos personajes resonaran por un momento las oraciones que él difunto tuvo a bien pensar y meditar años antes de morir.
El contenido de los epitafios también varía. Al ser una actividad subjetiva expresa el pensamiento acerca de la muerte que cada particular se formo en vida. Podemos hacer un epitafio que pretenda aportar un pensamiento, que busque revelar una especie de sabiduría para que al leerlo otros aprendan de ella. Temas usuales de este tipo que muchos usan: la brevedad de la vida, lo inevitable y natural de la muerte, etc., etc.…
Hacer un verso, mostrando las cualidades poéticas del que lo compone. Por ejemplo este, muy cursi y malo que a mí se me ocurre para ilustrar el tipo: La vida, una aurora/ la muerte, un crepúsculo.
Que sea humorístico, esto es que trate de quitarle lo tenso y solemne al hecho de tener que morirse.
Que se burle de la muerte y la tome como algo sin importancia.
Aquí bien pueden entrar las calaveritas, nuestro estilo particular de hacer una especie de combinación de epitafio, poema, sátira y parodia.
La desventaja de un epitafio sería el pensar que no hacerlo bien le daría un sentido incompleto o vago. Puede que pensamos que si no está bien hecho el que lo lea después no entienda lo que quisimos decir, o que le parezca algo tonto o banal.
Otra desventaja es que pensemos el epitafio no engloba muchas cosas, que no tiene unidad, que necesita decir algo más porque puede ser todo lo contrario, que el epitafio dice mucho menos de lo que el vivo quería. Esto es que resulte muy escueto.
Por lo demás el epitafio a muchos les parece algo estúpido, sin sentido. “Tuviste toda tu vida para decir lo que tenías que decir. ¿Para qué entonces el epitafio?”, me dijo un amigo, el día en que salió a conversación Inter nos el tema de los epitafios. Yo difiero de él. ¿Por qué no seguir hablando, por así decirlo, aunque sea por un instante, después de muerto?
El muerto pareciera sonreírnos, escuchamos su voz, evocamos su recuerdo o simplemente dialogamos con él por un momento… al leer el epitafio inscrito en su lápida. El muerto nos habla, tiene algo que decir aun después de haber pasado a mejor vida.
Como buen loco y ocioso, he hecho y rehecho epitafios para el día en que muera, pero no quedo conforme. No encuentro ningún epitafio que me convenza todavía. Luego el tiempo apremia y crea una desventaja: ¿Y si no logro hacer mi epitafio antes de morir?
He leído y releído acerca de epitafios geniales, escritos por gente famosa en distintos aspectos para darme una idea de cómo hacer el mío: científicos, filósofos, poetas y estadistas. Aunque también hay registrados muy buenos epitafios en las tumbas de las personas comunes y corrientes. Pero sin duda, hay que admitir, que los que hacen los mejores epitafios son los escritores y los humanistas.
Idear un epitafio propio es un ejercicio entretenido e incluso puede que hasta termine resultando agradable. Se descubre mucho acerca de uno mismo en el proceso. Además de que se contamos con la ventaja de tener toda una vida para pensar en cual será el epitafio que más nos convenga. Incluso me atrevo a decir que podemos, en un ejercicio extremo de perfeccionamiento, elegir nuestro epitafio hasta el último momento, en el umbral mismo de nuestra muerte.
Haciendo gala de esta estretagia, pienso en dos hombres que están a punto de batirse en un duelo a muerte. Estos hombres completan su ideal poético de la muerte por honor con el añadido de contar con un epitafio digno que los acompañe en su último descanso. Como todo idealista y perfeccionista, ambos sostienen la convicción de pensar su última frase hasta el último momento.
Antes de enfrentarse y de disparar, conscientes de la probabilidad de que cada uno pierda este último combate, van pensando en el epitafio, pero no se encuentran del todo convencidos.
Momentos después la bala alcanzará a uno de ellos, quien de a poco, muriéndose, va descartando con la velocidad de su vida que se escapa, uno a uno, los posibles epitafios.
Una vez satisfecho por el producto final y con sus últimas fuerzas, el derrotado pronuncia el epitafio elegido a la persona de confianza/ al ser querido que se acerca para asistirlo. Instantes después, muere.
El epitafio elegido en dichas circunstancia podría resultar más puro, honesto y correcto de todos cuanto pudieron haber existido, ya que se elige en un momento propicio, a la vez que preciso.
Yo por mi parte, a estas alturas de la vida, no tengo todavía un epitafio que me convenza.
Y ustedes, si hicieran un epitafio ¿qué diría?
14 de junio de 2009
Las nauseas electorales

El autor de este blog admite que las campañas electorales le provocan unas terribles y deprorables nauseas. Esto porque cree firmemente que la forma de hacer política en México, indistintamente del partido político que sea, es errónea, por no decir que es una completa basura. Las razones sobre las que se fundamenta para decir esto es que sabe que todo partido político en México se rige por principios antiquísimos que nunca cambian: la mentira, la corrupción, el descrédito, el desprestigio, por mencionar sólo algunos.
También cree que en sí ningún partido político propone nada para mejorar los problemas que aquejan a la población, a saber: la inseguridad, el desempleo, la pésima calidad del sistema educativo, la falta de servicios de salud adecuados… y que lo único que hacen es prometer acciones que no atacan de fondo los problemas y que se anuncian como soluciones rápidas o que de plano les dan la vuelta.
El autor asume que no es el único que siente dichas náuseas, sino que intuye que al igual que él las tienen cientos de miles de personas en todo el país. Hartos de que nos vean la cara de estúpidos, muchos al igual que él han decidido no votar: ninguna de las opciones les es satisfactoria.
Que lo que debe de cambiar es la forma de hacer política en este país, además de crear en cada individuo una conciencia individual y responsable, no de forma barata como lo hace ver un instituto titere del gobierno a través de anuncios color de rosa, alejados de la realidad.
Y mientras que no haya un cambio profundo en México, todos los gobiernos, sean del partido que sea van a seguir las mismas líneas que han llevado al país a ser lo que es ahora: un país de pobres, un país de violencia y de miedo, de apatía y mediocridad, donde se vive apenas con lo mínimo,con muchas carencias y sobretodo desigualdad económica y social.
2 de mayo de 2009
El amor en los tiempos de influenza

Tirarse a las compras de pánico en los supermercados, seguir en la indiferencia total, esbozar teorías conspiratorias para tratar de explicar la situación... Hay muchas cosas que se pueden hacer en estos días, ya sea rozando el estatus de obsesivos compulsivos o de personas con sentido común intacto. Y es que las masas siempre reaccionan de manera intensa, y no siempre conveniente y ordenada, ante momentos de contingencia, y ya que muchas veces los medios auxilian a estas reacciones... pues los resultados son variopintos: personas que ven que lo peor está por venir y que no quieren ni salir de su casa, etc, etc.
6 de marzo de 2009
La fiesta de los oscar... segunda parte, Slumdog y la misma trama

Fue hasta hace unos pocos días que pude ver la película ganadora de los premios Oscar en su edición 2009: Slumdog Millionaire, traducida en México como Quisiera ser millionario. Mucho había oído hablar acerca de este filme. Que si la industria de Hollywood por fin había reconocido una película fuera de las tramas que se acostumbran hacer en los EEUU (recordemos que Slumdog... es de producción británico-hindú), que si esta película era un himno a la vida, un mensaje optimista y alentador en medio de estos tiempos de crisis que se viven en el mundo...
En fin, que yo quería ver la mentada película para poder opinar a conciencia. Y la verdad, en lo personal, me ha dejado con la impresión de aquel que a una atracción turística popular que resulta ser poco interesante y muy mediática. Eso es Slumdog, una película muy mediática. Sobrevalorada es la palabra, que se ajusta a la perfección a dicha película.
Una producción que utiliza el realismo como hilo conductor de la primera parte... pero un pésimo desarrollo a la "cuento de hadas" en su segunda mitad. Si, muchos dirán que soy el típico sujeto que piensa que la vida no es felicidad y que alabo el pesimismo. Pues no, Slumdog pudo haber sido optimista y gustarme. Pero fue optimista irreal y no me gustó. Es buena, el argumento es original y hay partes muy emotivas e intensas en ella, pero creo que es una película "buena" a secas. Nada sorprendente.
Curiosamente la reacción de su director y el equipo de producción me dan a mí y a muchos que compartimos estas opiniones, la razón, ya que al hacer esta película nunca se imaginaron pelear por el "premio gordo" de los premios cinematográficos de EEUU (incluir al término "mundo" sería arriesgado), sino que pensaron que la película no iba a recibir mucha atención de los medios.
Podemos explicar esta curiosa cuestión si analizamos el año cinematográfico que acaba de pasar. Hollywood pasa por una de sus peores crisis, no ya económica sino argumentativa-creativa. Vamos, las películas que estuvieron nominadas este año al Oscar no le llegan a muchas de las nominadas del año anterior, o de otros años. Este "vacío" de buenas producciones explica en buena medida el triunfo de Slumdog.
Ya discutía hace unas semanas lo controvertido que es el oscar. Su politización y su preferencia por lo convencional y lo correcto en términos morales. Muchos dirán que Slumdog acabó con ese "sistema" este año. Yo les preguntaría, ¿en verdad rompió con él? Porque si vemos Slumdog detalladamente nos daremos cuenta que en ciertas partes es una trama más del héroe que triunfa al final, lo cual ya es un asunto bastante choteado en la historia del cine de EEUU. Ya saben, el sueño americano, la filosofía utilitarista que permea las relaciones socio-económicos de los habitantes de la potencia más poderosa del mundo.
Así que no nos sorprendamos de que estén por venir más Titanics, más Gladiators, más Chicagos, grandes producciones que maravillan por sus efectos, sus secuencias de acción y sobretodo por las celebridades que participan en ellas. El cine comprometido con la calidad es ignorado, sin más. Los premios oscar me parecen un espectáculo brillante, pero nada más. Más interesante reulta ver películas de festivales europeos, como el de Berlín, Venecia o Cannes, en los que por lo menos hay mejores películas.
19 de febrero de 2009
La Fiesta gringa de los Premios Oscar

Se acerca, como cada año, a finales de este mes, la entrega de los premios de la Academia, mejor conocidos como "Oscares". Ni la crisis presente, la más fuerte desde aquella de los años 30's del siglo pasado, ensombrece el glamour, el colorido, la espectacularidad que representa el "acontecimiento más importante del cine" en aquel país. ¡Impensable! Podrá perderse la guerra de Vietnam, morir Luther King, J.F.K. o sucederse el Watergate, pero nunca dejar de existir uno de los símbolos más poderosos del autodenominado "mundo libre". ¡Ja!
Seamos sinceros, el Oscar es una fiesta, un espectáculo. Pero nada más. La alfombra roja, la aparición de los semidioses llamados "celebridades de Hollywood"... ¿Calidad cinematográfica? Muy pocas veces se puede ver. Si revisan los filmes ganadores de la categoría de Mejor Película a través de la historia (1928- 2008) se podrán dar cuenta de lo que hablo. Rocky, Titanic, Chicago, El espectáculo más grande del mundo, La vuelta al mundo en 80 días, La novicia rebelde son sólo algunos ejemplos... What? The Best Pictures? ¿Dónde quedaron filmes como Ciudadano Kane, Odisea 2001, Terciopelo Azul, Toro Salvaje, Taxi Driver, etc, etc.? Aquellas cintas que debían premiarse como se merece fueron ignoradas. ¿Por qué razón? ¿Mejor película o Película más conveniente?
"Mejor película" se llama el premio principal. Sólo es eso, el nombre, porque los oscares están teñidos de política. Los "académicos", esos que votan para elegir lo mejor del cine del año anterior, entre los que se encuentran críticos de cine, productores, algunos actores, directores y especialistas técnicos del cine (fotógrafos, editores de sonido, etc, etc.) premian, por lo general, un mensaje, una tendencia, una moraleja más que una buena película. Aquellos llamados "valores americanos" tan choteados y vomitivos, irónicos porque sólo los gringos saben que significan [Irak, Afganistán, Vietnam, Corea del norte, etc, etc, nunca los entendieron]: justicia, democracia, el-eterno-tema-del-héroe-que-se-sobrepone-a-la desgracia-y-triunfa, valor, etc... son los temas que dominan las películas valoradas por la Academia. ¡Oh! ¿Moral o buen cine? He ahí la paradoja. Los oscares son la historia de la primera. Lo politicamente correcto domina por sobre la calidad cinematográfica.
Esto quiere decir que las películas subversivas, escandalosas, violentas, con temas tabú y/o controvertidas son relegadas muy a pesar de su buena calidad. Ejemplos: Secreto en la montaña, Pulp Fiction, Rescatando al Soldado Ryan, La naranja mecánica, L.A. Confidential, además de las mencionadas con anterioridad son algunas que nunca ganaron el dichoso premio, a pesar de que lo merecían con creces. Omisiones que a través de la historia pesan y hacen que se cuestione el prestigio de estos supuestos "mejores premios" de la que se hace llamar la "mejor industria cinematográfica" del mundo.
Continuará...
7 de noviembre de 2008
Síndome de la página blanca: el vértigo de la escritura...

Ya sea desde la simple carta que alguna vez hicimos cuando mocosos para declarar nuestras intenciones a la niña que nos gustaba en la primaria, hasta el ensayo de fin de semestre que debemos entregar y que vale 80% de la calificación de la materia... La labor de escribir es siempre difícil, y puede llevarnos a la frustración y a la impotencia cuando los resultados no son los que se esperaban obtener.
En ciertas ocasiones nos aborda cuando tomamos la pluma y el papel un terrible: "¿y qué escribo?", el cual, cuando no es resuelto rápidamente, bien nos puede llevar al odio por la redacción, por las letras, y en general a todo aquello que tenga que ver con la palabra escrita.
Interpretemos esta pregunta correctamente. No es tanto el qué escribo sino un cómo lo escribo. Tenemos la idea en mente, pero no podemos dar paso a ella de una manera apropiada en el papel. Es como si el lenguaje fuera incapaz de representar nuestros pensamientos, que nos parecen harto complejos e intrincados entre sí.
Quiero pensar que con respecto a un blog la cosa suele ser igual. Si bien muchos aligeran la presión contando un sinnúmero de aventuras y hechos noticiosos y de diversa índole en él (desde sus experiencias en el amor hasta el nuevo cepillo de dientes que salió al mercado y que les ha cambiado la vida, el cual quieren que todos experimenten), no dejamos de enfrentarnos, al menos una vez cada cierto tiempo al llamado "síndrome de la página blanca", esa inmensidad que se nos presenta como el más vertiginoso de los precipicios de la escritura.
Citas textuales aparte, Novalis, seudónimo de Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg, uno de los grandes escritores del romanticismo alemán que igual cultivó diversos géneros como la filosofía que la poesía, dijo en uno de sus Fragmentos que "un escritor nunca producirá nada bueno si no sabe tratar sino de sus propias experiencias, de sus objetos preferidos, si no puede esforzarse en estudiar con atención y describir con esmero también un objeto completamente ajeno a él, con el que no le ligue ningún interés personal"
El consejo de Novalis me parece muy interesante, enseñarse a escribir es un acto que debe tender a lo universal, tanto en el microcosmos (nosotros mismos) como en el macrocosmos (el mundo externo), es intentarlo todo, desde la simple escritura de un diario personal en el cual recoger las impresiones cotidianas hasta situaciones más allá de nosotros mismos. Tratar acerca de infinidad de temas y cuestiones, abordar diversas perspectivas y puntos de vista tarde o temprano nos terminará proveyendo de las armas suficientes para afrontar los retos que se nos pongan enfrente.
También pienso que una mente clara trabaja mejor en un escrito. Algunas ocasiones la falta de concentración o el impetú nos ganan, y provocan el caos del mentado síndrome. ¿Cuántas veces no hemos tenido la idea, partes que ya hemos pensado con detenimiento que vamos a escribir pero en el momento de hacernos se nos arremolina todo y nos bloqueamos por completo? Queremos escribirlo todo en un instante, y acabamos bloqueando la puerta de la que deben de ir saliendo las palabras, una a una a su tiempo. Esto es más que nada problema de estructura, que debemos de preveer de antemano haciendo un plan de trabajo: introducir el tema o dar una reseña de lo que se hablará, luego ir desarrollando cada punto por separado, y por último anotar las conclusiones o las impresiones particulares sobre el tema (si las hay).
La ortografía es un problema también. Creemos que lo que escribiremos lo haremos mal, mala sintaxis, mala puntuación, etc. Aunque tengamos a la mano el indispensable diccionario el viacrucis no acaba. Aún permanece la incertidumbre. En este caso, nada mejor que leer, desde el periódico hasta la poesía y las novelas. Esto si que ayuda a formarnos una idea de como poner los acentos y como dar pausas cuando se deba y cuando irnos seguido en el párrafo. El síndrome de la página blanca es más frecuente en las personas que no se relacionan con la escritura, esto es que no están acostumbrados a escribir o a leer.
Este eterno interno los invita a escribirlo todo, a agotar el universo en palabras hasta que nuestra mano quede inerte e inservible. A no tenerle miedo a las palabras, las cuales son un regalo increíble que posee el hombre, el cual no hay que dejar desaprovechar. Echar a perder bastantes cuartillas y hojas, eso sí. Porque entrenarse en la disciplina de la escritura nunca ha sido fácil, ¿o acaso todos nacimos siendo Kafka o Dostoievski?...
