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23 de mayo de 2012



Quizás los inicios de la vida sean más fecundos artísticamente hablando, pero muy pocos se percatan del poder disponible y lo utilizan. El resto del tiempo que nos queda, en el cual propiamente nos formamos como individuos, es ya demasiado tarde para manifestar nuestros sueños. La vida se inserta en sus múltiples apariciones dentro y alrededor del cuerpo, distrayéndonos con sus rumores inquietantes, sin dar tregua alguna, instándonos a llenar todos los espacios con el pesado yo. Y para no sentirnos mal pretextamos sentencias macabras: que los sueños no son de nadie, que la poesía es una incompletitud, que la imaginación es, ha sido y siempre será la loca de la casa.




16 de junio de 2011




Dormir a cielo abierto.
                                     Imposible.



16 de abril de 2011

La idea del pecado parte de considerar al cuerpo como un bello instrumento, un arpa quizás. Si hay un exceso en el uso de este instrumento, dejará de producir armonías y canciones deliciosas. También si no se utiliza como corresponde, igual que tocar un violín con el tallo de una planta o toser en la boquilla de una flauta. Más, ¿por qué ver a un cuerpo como un instrumento cuyo único propósito es proporcionar armonías? ¿Quién dijo que fuimos hechos con una boquilla que solo tiene un uso correcto, o que nuestra piel es un conjunto de cuerdas que desafina si no es tocada de una forma adecuada?

28 de septiembre de 2010

Es común la idea, de que si estuviésemos entre las nubes, sería como estar entre algodones; cuando en realidad allá arriba todo está frío como una tumba. 

18 de septiembre de 2010

Nihil novum sub sole

En México (porque no puedo hablar de lo que se vive en otros países)los días festivos llenan los calendarios de todos los habitantes. Ya sea por un cumpleaños, el aniversario de un acontecimiento cívico o por una fecha religiosa. Si juntáramos todos estos feriados, uno tras de otro, formaríamos unas vacaciones del tamaño de un trimestre, así de fácil. El festejo del Bicentenario de la Independencia ha pasado, no así el maravilloso puente de días inhábiles que decretó el gobierno de México. Cinco días, para ser exactos, del 15 de septiembre al 19. Cierto que no todos los mexicanos harán uso de este descanso, en especial los que trabajan en negocios particulares (no burócratas o empleados de alguna empresa), pero pues en la mayor parte de la Ciudad de México, por citar una parte representativa del país, se percibe una atmósfera de haraganería y tedio que se manifiesta especialmente en las calles. La gente se resiste a volver a su ritmo de vida diario, a sus problemas y preocupaciones cotidianas, mas el cielo lleno de nubes, ausente de sol y con sus lloviznas periódicas nos obliga a pensar una vez más en la melancolía de los trabajos y los días. La mayoría de nosotros no deja de pensar, y ahora ¿qué sigue? El gobierno ha derrochado en un evento que no se volverá a repetir en mucho tiempo, el cual sirvió para recordar que "debemos estar orgullosos de ser mexicanos" y celebrar que tenemos "doscientos años de vivir en un país libre"; de ver en todos lados caras de héroes nacionales, de banderas, símbolos y publicidad creada ex-profeso para ensalzar la identidad nacional; de escuchar y ver en todos lados noticias, información, discursos, imágenes y más sobre esa entidad enorme llamada México. Y, ¿ahora qué? Tender un puente (este de días normales sin nada esplendoroso que celebrar) que nos conecte con otro punto remarcado con color rojo en los calendarios, para así descansar un poco de cualquier cosa y celebrar un mucho de algo en específico (¿Día de muertos? ¿El Centenario de la Revolución? ¿Navidad?). Llenar los huecos grises que no quedan registrados en viajes, eventos familiares o convivencias multitudinarias es, después de todo, mucho de lo que hacemos en nuestra vida.

22 de julio de 2010

Apología personal Nº 37

Las opiniones personales de un servidor no son muy frecuentes en este blog. No porque no las tenga, ya que eso sería una mentira total. La razón es que he pretendido enfocarme en inquietudes un poco imaginativas y ficticias más que en una discusión crítica de temas actuales.

No me han faltado ganas de hablar de ciertas impresiones propias acerca de, por ejemplo, el terremoto en Haití, el desastre ecológico causado por la explosión de la plataforma petrolera Deepwater Horizon en el Golfo de México, la situación actual de México en cuanto a política y sociedad se refiere (o sea, a puras malas noticias), etc, etc.

Además de mi pretendida intención de seguir una línea específica tenía intenciones de abarcar esta vertiente un poco más "seria" y "práctica" en otro espacio. Abrí así un blog en donde hacer todo esto, pero como soy una persona que nunca termina todo lo que inicia y de mente inquieta, pues hasta la fecha no he escrito nada en ese blog.

Temas no faltan, como ya dije, tampoco ganas. Mi defecto de enfocarme en muchas cosas a la vez y ser inconsistente lo sortearía de no ser por otra cuestión extra: mi continua exigencia en grado alto por lo que escribo. Esto es que siempre que quiero dar a conocer algo en la red pienso en hacerlo con buenos contenidos.

Si lo logro o no ya es cosa que no me compete a mi decirlo, pero el punto es que me exijo demasiado en cuanto a mis escritos y hasta ahora he sido un juez implacable al mismo tiempo que no he pasado las correcciones y las pruebas de esos escritos de temas "serios". ¿Cómo conciliar estas dos facetas sin morir en el intento?

Al menos las presentes vacaciones de verano en las que me encuentro sumergido me han dado tiempo para divagar y llenar hojas y hojas de cosas que se me van ocurriendo a lo largo de los días. El caos engendra orden, siempre lo he pensado. Para muestra lo siguiente: en unas semanas volveré a la Universidad y todo retornará a la necesidad de ser encaminado a un objetivo o en este caso a varios objetivos.

Y digo necesidad porque creo firmemente en que escribir es una necesidad, al menos en mi caso. Hasta ahora ha faltado abordar esa parte distinta de mí en estos lugares, no solo la que he venido haciendo: la de ensayos triviales, cuentitos chistosos y versos imaginativos. Me siento muy bien con lo que he hecho, pero no es suficiente.

Si quieren seguirme en este nuevo loco que saldrá a la luz dentro de poco ("cuando suceda todos lo sabrán", como dicen las Revelaciones), les agradezco. Sino pues también. La escritura es tanto un dialogo autoreflexivo como una discusión con los hipotéticos lectores que la leen.

30 de marzo de 2010

Los Messer Chups y el delirante anhelo de ser único


En gustos musicales como en general en la vida, hay que salirse de lo convencional. Es por eso que siempre critico a aquellos que adoptan una tribu urbana y la defienden a muerte con todo lo que ella implica: modo de vestir, gustos musicales, tipo de amistades, forma de hablar, de moverse... ¡incluso forma de pensar! Como si cada uno de ellos fuera un jodido robot hecho en un molde y no pudiera, ni quisiera, salirse de él.  

En mi caso, el de un humilde estudiante de filosofía amante del cine de arte y de la música no tan estruendosa, pretendo no ser nada establecido, sino tomar fragmentos de aquí y allá, cosas que no formen algo homogéneo. En ese sentido ser impredecible, incluso abiertamente contradictorio conmigo mismo y con mis gustos. Los Messer Chups, banda musical rusa, la cual es una de las predilectas de un servidor desde hace algunos ayeres, ilustra bien todo eso que trato de decirles. 

Su estilo, que trata de homenajear a las cintas de Clase B (películas de bajo presupuesto) gringas de los años 50' y 60, cuya temática era el terror y ciencia ficción, el cual salpica a cada instante en sus rolas, creando una especie de perfomance sonoro que se complementa de manera visual e igual de alucinante con la vestimenta de sus integrantes, los videos hechos para sus canciones así como el arte de sus discos. Cada parte fundamental para entender un todo que se hace llamar Messer Chups.

Así, al escucharlos, el resultado es una mezcla de ritmos tan disimiles como son el surf, circus music, jazz y fragmentos de sonido de dichas películas de vampiros, hombres lobo, zombies, mutantes y monstruos espaciales; que en su tiempo en E.E.U.U fueron lo que las del Santo y Blue Demon contra los monstruos para nosotros. Si quisiéramos encontrar alguna similitud, levemente lo tendríamos con Lost Acapulco con eso de incorporar la añoranza por el mal cine de antaño en su música, pero sólo en esa parte, porque en lo demás la onda de los Messer es totalmente propia.  Se cuece aparte.

Juzguen por ustedes mismos: 





21 de febrero de 2010

Sobrevivir

Mi rostro pegado contra la ventana del metrobús. Yo dormido. Afuera la ciudad que regresa a la normalidad, después de una semana terrible de caos, de furia. Omito los sonidos de fuera. Esta vez sólo escucharé mis pensamientos.

 No tardo en encausar mis divagos. Los temas salen tarde o temprano, sólo es cuestión de esperar. Esperar a que una semilla crezca más rápido que las otras, a un ritmo casi siempre veloz. Listo, ya tengo una raíz, ahora hay que hacer que el tallo crezca. 

 Se asoma por la superficie, decido seguir adelante. Se me ocurre que todos estamos sobreviviendo, mentalmente, físicamente. Sobrevivimos a todo cuanto existe, llámese crisis o maremoto. La cuestión es sobrevivir. Ya lo demás es una cuestión extra. 

 Cada quien decide qué hacer con ese extra. Algunos andamos siempre allá arriba, asomados desde la azotea en una casi perpetua reflexión hacia todo lo que se mueve abajo, en la superficie. Otros se contentan en recorrer las calles y avenidas que pueblan el universo. Eso está bien, de alguna forma todos hacemos ambas cosas. 

 Cuando se tiene asegurado el siguiente minuto se decide en que gastarlo. El problema es precisamente el aseguramiento continuo de ese lapso. De nada valen las escoltas o los poderosos remedios farmacológicos, los amuletos sagrados o las plegarias continuas hacia distintas deidades.

 Pisamos a cada momento terrenos pantanosos, la premisa es divisar bajo nuestros pies la siguiente piedrecilla que nos permita seguir adelante. Sabemos, por otro lado, que algún día ya no habrá más tierra firme en donde pisar. Ese día será el que, dicen muchos, tendremos que echar examen hacia atrás para ver que tal anduvimos. 

 Juzgar, inspeccionar. ¿Acaso importa? Para muchos si, por ello se asegurar de pisar con cuidado, de sobrevivir de manera elegante y honrosa cada jornada. No importa procurarse el pan solamente, importa el cómo procurárnoslo. 

 Para otros la cuestión es más difícil. Dicen otros más, y dicen no sin cierta mirada profética, que conforme pasa el tiempo a nuestra civilización le va importando menos el cómo que el hecho mismo. Después de todo esta es una guerra perpetua contra el universo, en la que estamos muchas ocasiones en franca desventaja. 

 Suelo recordar, relacionado con esto último, aquella vieja historia en la que se les va obsequiando a cada animal un don que le permita sobrevivir  en su andadura por el mundo. Dudo si el nuestro fue uno bueno o si no hubo trampa al momento de la repartición.

 La humilde garra del felino, la agilidad de la liebre, la coraza del armadillo, el veneno del reptil…  ¿qué nos hubiera convenido más? ¿Darnos la caballeresca desventaja frente a los otros animales del globo terráqueo? O dicho de otra forma, ¿qué le convendría más a este planeta? ¿Darnos las blancas o jugar primero ante el homínido destructor?

 Cuestión de apreciaciones. La polémica persiste, ya que mientras para unos somos el centro de todo cuanto existe, cuyo destino y bienestar está más que asegurado en el horizonte del progreso humano; para otros estamos como insomnes, aguardando caer de un momento a otro en la pesadilla, igual que cualquier otra especie.

Despierto en mi asiento, dentro del metrobús. Afuera los autos y edificios me dan la bienvenida con sus rumores vespertinos. Dentro de unos momentos me lanzaré con ellos en una épica cuyo propósito es el de ocupar un espacio, no importa si pequeño o grande. Ya sea de manera activa o intelectiva hay que empezar. Suficiente, es hora de la supervivencia…

8 de enero de 2010

Algo sobre ese río que llamamos tiempo...

Tiempo. Siempre el tiempo. Rio sobre el cual navegamos, del cual no podemos escapar. Aunque el caudal y su curso resultan (en teoría) infinitos e indómitos, nosotros sólo podemos (en la práctica) disponer de un poco de él, lo suficiente como para llenar un insignificante cantaro. El tiempo que todo lo abarca, en donde todo es cierto a la vez que inefable. El tiempo como una luz que, si pudiésemos apreciarla en su plenitud, seguramente podría cegarnos.

Otra vez el año comienza para nuestra civilización. Otro trago más de aquel cántaro que habrá de agotarse por completo. Echamos las campanas al vuelo, felices por celebrar uno año más. Se hacen listas de propósitos, se dejan relucientes las fuerzas de voluntad como si fueran nuevas, planeamos un sinnúmero de cambios que incluyen enterrar el mal sabor de boca que nos dejó el año anterior.

Poco antes de esta celebración, la mayoría de las personas pasa revista al año transcurrido, igual que se hace el inventario de una oficina o se pasa lista a la cuadrilla del regimiento militar. La única intención, creo, es la morbosidad de ver que tan inteligentes o estúpidos fuímos a lo largo de esos trescientos sesenta y cinco intentos por encontrar (o mantener, según sea el caso) la felicidad.

Traen a su memoria tragedias, fracasos, victorias y placeres ya vividos. Algunos constatan, no sin profundos lamentos, que la historia sigue siendo la misma. Que esa listita con propósitos materialistas y espirituales por igual, no se cumplió como se debía. Sigue uno demasiado gordo, demasiado vicioso, demasiado pobre, demasiado mediocre...

"Pero este año no, esta vez si cambiaré", se dicen con renovadas esperanzas, dispuestos a todo con tal de hallarse vanidosos al final del año frente a los pobres diablos que no habrán podido cumplir sus propósitos. Gastaran en equipos deportivos que los ayuden a ponerse en forma, en costosos tratamientos para dejar de fumar, se inscribiran en cursos para aprender inglés y superarse profesionalmente...

Afuera de ellos este girar interminable, este vals cósmico que se ha repetido millones de años. Enormes estrellas que estallan y mueren por todo el universo, nebulosas que se condensan para formar nuevas galaxias, generaciones infinitas de insectos que nacen y mueren por todos los rincones de la tierra...

También alguien que escribe un par de párrafos que mañana serán olvidados, sepultados en el fondo del lecho de este río que deviene majestuoso. En fin, el tiempo que viene y que se va.

16 de diciembre de 2009

Aunque sea por un momento...

En un país como este, cuyo calendario esta repleto de fiestas, los inadaptados sociales nos volcamos a escribir en blogs. ¿Por qué digo esto? Ha empezado la llamada época de fiestas decembrinas, en donde muchos despilfarran en regalos, en alcohol, en comida y en frivolidades diversas...
(Fiesta, más fiesta y más fiesta. Celebramos de todo, desde una guerra que nunca ganamos, el nacimiento de un Dios en el que no creemos, la aparición de una virgen que hasta los rockeros aman, el fin arbitrario del calendario gregoriano...)
Permanezco asomado a la ventana, escuchando los gritos y risas de mis vecinos. Imagino los preparativos de una piñata en alguna casa cercana. También la eterna, torpe danza de nuestros amigos borrachos que se avecina. Los niños que mandan al diablo la escuela por un rato, ilusionados con juguetes, con noches de desvelo, con reuniones familiares.
Los buenos deseos que pasan por todas las mentes y que en el fondo nadie cumplirá. Los hombres y mujeres devotos católicos que aún guardan recato y que van a las misas de navidad, que bendicen sus coronas de adviento. El olor tan característico del ponche que se prepara tanto en las vecindades como en las zonas residenciales.
Nuestras calles, nuestra ciudad. Igual que siempre, llena de basura, de congestionamientos, de contaminación. Pero por unos días también llena de luces, de adornos festivos. De comercios más frecuentados que de costumbre. De pliegos y pliegos de envolturas. De anuncios en las esquinas, en la televisión, en el radio, en espectaculares, promocionando artículos diversos.
Y todo es alegría disimulada y buenos deseos. Olvidemos que hemos perdido recientemente al familiar querido, o que la crisis sigue, haciéndonos la vida más difícil cada día. Que vivimos en un país lleno de desigualdad e injusticias sociales, rodeados de delincuencia y faltos de oportunidades para salir adelante. Embriaguémonos todos, al son de las canciones de moda y la vida que no deja de fluir dentro de nosotros; en mitad de la noche somos dioses que crean y destruyen a voluntad. Después, después nos volveremos mortales.

4 de octubre de 2009

Superhéroes


Una de las pocas cosas que compartí con los niños de mi edad, fue el gusto por los superhéroes. Lo admito, además, la cosa no es nada grave. Como muchos, coleccioné albumes con estampas, comics, figuras de acción... Y seguramente en alguna ocasión soñé con tener superpoderes. En suma: el paquete completo de la fase niño-fanático-superhéroes.

Claro está que la edad va cambiando las cosas. Además de la obvia pérdida de la inocencia y todo ese rollo de convertirse en adulto y sus implicaciones, uno se da cuenta que eso de ser superhéroe no es la gran cosa. Y lo digo desde un punto de vista teórico, reflexivo (me refiero a que lógicamente uno no se da cuenta de esto siendo superhéroe en la vida real ).

¿O es qué aquellos tipos enmascarados que defienden la justicia y la paz no tienen también una existencia desastrosa y caótica igual que la que nosotros, los simples mortales soportamos everyday? Claro, la ficción los defiende (la mayoría de las veces) de peligros como la muerte; pero por el contrario no puede hacer nada contra cuestiones tales como el desarrollo de una doble vida, el no poder llevar una vida normal (ya saben, esa que los neoliberales estandarizaron: casa, coche, esposa, hijos, lic en Sistemas/ Administración de empresas, ipod...) En suma: ser un superhero trae, inevitablemente, la marginación.

Vistos desde ese modo, los superhéroes no deberían inspirarnos más que compasión y tristeza. Excluídos por la gente normal por el hecho de ser distintos (debido a sus "poderes"), los héroes de ficción tienen que aprender a vivir en una atmósfera constante de tensión, de conflicto que fluctua entre el odio y el reconocimiento.

Porque Spiderman nunca va a poder ir a Tepito o a Iztapalapa como ciudadano común y disfrutar de un paseo tranquilo ya que le quedaría la preocupación de que tarde o temprano su sentido arácnido se le activará cuando a Maria Juana (Mary Jane para los anglos) le quieran dar baje con su bolsa y él use sus poderes para atrapar al malhechor... y entonces todos se darán cuenta que San Juditas le hizo el milagro de darle superpoderes bien chidos... luego el acabose, ya que entonces:

-- Sería explotado por el gobierno calderonista el cual lo usaría como emblema del sexenio, colgándose de sus triunfos y aventándose sus vomitivos discursos como el que "gracias al gobierno que toma acciones, es que los mexicanos ahora están protegidos contra la delincuencia y el narco"...

--y sería llevado a todos los programas matutinos basura de Telerisa y Tv Apesta, los cuales se pelearían entre sí para tenerlo y aumentar el rating, poniéndolo a competir en concursos absurdos de famosos y a bailar entre conductores carentes de materia gris y tendría que soportar que las Maribel Guard o las Ingrid Coronado le tiraran los perros a indiscreción...

-- las marcas transnacionales como Gillette, Coca Cola o hasta Men Force y Nixxon lo asediarían hasta el cansancio para que accediera a aparecer por millone$ de pesosen sus respectivas campañas publicitarias (diablos! hay algo peor que imaginarse a Spiderman diciendo que "con N. se siente en las nubes" ??)...

-- Después de formar parte del MP, PGR y el ejército, así como la AAA, el CMLL y la Femexfut (¿?), los de "La Familia" le llegaría al precio y se pasaría al lado oscuro, aunque no se salvaría ya que igual se tendría que cuidar de las traiciones de sus compañeros del mal...

-- y ya no analizamos como afectaría esto su vida conyugal, sólo porque ya no nos da tiempo.

Ejemplos de porque los pobres superhéroes sufren, hay muchos. Y para ser un marginal, un excluido de la sociedad, prefiero ser un citizen común y corriente. Prefiero, una que otra vez, y siempre y cuando la situación lo requiera, aventarme a rescatar niños de edificios en llamas y realizar maniobras de resucitación cuando a mis amigos se les atore un sabritón en la garganta...

En suma, que eso de las alienaciones y los conflictos existenciales, sin embargo, pueden darse sin necesidad de pasar por el doloroso proceso de "super heroicización". Me explico: no tenemos necesidad de ser super héroes para ser marginales. Quizás esté entendiendo al super héroe desde su aspecto más trivial, prescindiendo de la carecterística determinante: la de los super poderes. Pero por otro lado, si lo vemos desde un punto de vista más abstracto, creo que la marginalidad es un aspecto que hace del super héroe un ser interesante y que inconscientemente actúa en nosotros para dotarlo (en estos tiempos cada vez más alejados de lo irreal) todavía de una vigencia y actualidad constante...

De cualquier forma y aunque no venga al caso, me daré el lujo de confesarles (nótese el grave caso de regresión infantil), que si pudiera ser un encapuchado con capa e identidad secreta, escogería el poder de la teletransportación: ¡Zuuuumm! *


* Supuesta onomatopeya que indica una teletransportación, y en el caso de la presente entrada funciona también como despedida (N. del A.)

18 de agosto de 2009

Constatando la otredad...



De vez en cuando, al salir de casa por la mañana, hay que echar un vistazo a la primera plana de los periódicos... para constatar que la fotografía con el cadaver de un hombre que aparece en la portada no es un retrato nuestro... Luego entonces, podemos seguir adelante con nuestras vidas...

2 de julio de 2009

Epitafios


"...Y no tengan miedo"

Epitafio de Jorge Luis Borges

* * *

"Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar"

Epitafio de Vicente Huidobro

* * *

Rarezas mías aparte, confieso que lo único que me gusta de cuando tengo que acudir a un cementerio ya sea por obligación o compromiso, es leer los diversos epitafios se encuentran en las criptas. Cuando los hay, claro está.
Lástima que en México la mayoría son epitafios de índole religiosa: citas bíblicas, mensajes de los familiares al difunto, que en Stricto sensu no son auténticos epitafios ya que en mi opinión el epitafio es un acto individual y no un homenaje de parte de los deudos.

Pasa que, como la mayoría de los seres humanos morimos un día indeterminado, bajo circunstancias que nos son desconocidas, todo lo referente a como afrontar ese momento es algo siempre repentino. Pocos son los que meditan y piensan sobre su futura muerte. Así, los epitafios no son algo común. Pocos son a los que se les ocurre realizarlos.

¿Pero por qué o para qué se hacen los epitafios? ¿Para seguir vivo de alguna forma y ayudar a recordar de nuestra existencia a los que nos sobreviven? ¿Para dejar constancia de que existimos en este mundo? ¿Para expresar el pensamiento que el ahora ocupante de la tumba tuvo en vida? ¿Para hacer de una tumba algo más que un monumento poco práctico que contiene nuestros restos descompuestos a pocos metros de profundidad en la tierra? ¿O sólo para constatar que vivimos en el absurdo?

Lo que es un hecho es que el epitafio será leído mínimamente una vez: por el que habrá de labrarlo en la lápida o por el familiar quien ejecute la última voluntad del fallecido mandando poner la inscripción.
En la mente de aquellos dos personajes resonaran por un momento las oraciones que él difunto tuvo a bien pensar y meditar años antes de morir.

El contenido de los epitafios también varía. Al ser una actividad subjetiva expresa el pensamiento acerca de la muerte que cada particular se formo en vida. Podemos hacer un epitafio que pretenda aportar un pensamiento, que busque revelar una especie de sabiduría para que al leerlo otros aprendan de ella. Temas usuales de este tipo que muchos usan: la brevedad de la vida, lo inevitable y natural de la muerte, etc., etc.…
Hacer un verso, mostrando las cualidades poéticas del que lo compone. Por ejemplo este, muy cursi y malo que a mí se me ocurre para ilustrar el tipo: La vida, una aurora/ la muerte, un crepúsculo.
Que sea humorístico, esto es que trate de quitarle lo tenso y solemne al hecho de tener que morirse.
Que se burle de la muerte y la tome como algo sin importancia.
Aquí bien pueden entrar las calaveritas, nuestro estilo particular de hacer una especie de combinación de epitafio, poema, sátira y parodia.

La desventaja de un epitafio sería el pensar que no hacerlo bien le daría un sentido incompleto o vago. Puede que pensamos que si no está bien hecho el que lo lea después no entienda lo que quisimos decir, o que le parezca algo tonto o banal.

Otra desventaja es que pensemos el epitafio no engloba muchas cosas, que no tiene unidad, que necesita decir algo más porque puede ser todo lo contrario, que el epitafio dice mucho menos de lo que el vivo quería. Esto es que resulte muy escueto.
Por lo demás el epitafio a muchos les parece algo estúpido, sin sentido. “Tuviste toda tu vida para decir lo que tenías que decir. ¿Para qué entonces el epitafio?”, me dijo un amigo, el día en que salió a conversación Inter nos el tema de los epitafios. Yo difiero de él. ¿Por qué no seguir hablando, por así decirlo, aunque sea por un instante, después de muerto?

El muerto pareciera sonreírnos, escuchamos su voz, evocamos su recuerdo o simplemente dialogamos con él por un momento… al leer el epitafio inscrito en su lápida. El muerto nos habla, tiene algo que decir aun después de haber pasado a mejor vida.
Como buen loco y ocioso, he hecho y rehecho epitafios para el día en que muera, pero no quedo conforme. No encuentro ningún epitafio que me convenza todavía. Luego el tiempo apremia y crea una desventaja: ¿Y si no logro hacer mi epitafio antes de morir?


He leído y releído acerca de epitafios geniales, escritos por gente famosa en distintos aspectos para darme una idea de cómo hacer el mío: científicos, filósofos, poetas y estadistas. Aunque también hay registrados muy buenos epitafios en las tumbas de las personas comunes y corrientes. Pero sin duda, hay que admitir, que los que hacen los mejores epitafios son los escritores y los humanistas.

Idear un epitafio propio es un ejercicio entretenido e incluso puede que hasta termine resultando agradable. Se descubre mucho acerca de uno mismo en el proceso. Además de que se contamos con la ventaja de tener toda una vida para pensar en cual será el epitafio que más nos convenga. Incluso me atrevo a decir que podemos, en un ejercicio extremo de perfeccionamiento, elegir nuestro epitafio hasta el último momento, en el umbral mismo de nuestra muerte.

Haciendo gala de esta estretagia, pienso en dos hombres que están a punto de batirse en un duelo a muerte. Estos hombres completan su ideal poético de la muerte por honor con el añadido de contar con un epitafio digno que los acompañe en su último descanso. Como todo idealista y perfeccionista, ambos sostienen la convicción de pensar su última frase hasta el último momento.
Antes de enfrentarse y de disparar, conscientes de la probabilidad de que cada uno pierda este último combate, van pensando en el epitafio, pero no se encuentran del todo convencidos.


Momentos después la bala alcanzará a uno de ellos, quien de a poco, muriéndose, va descartando con la velocidad de su vida que se escapa, uno a uno, los posibles epitafios.
Una vez satisfecho por el producto final y con sus últimas fuerzas, el derrotado pronuncia el epitafio elegido a la persona de confianza/ al ser querido que se acerca para asistirlo. Instantes después, muere.


El epitafio elegido en dichas circunstancia podría resultar más puro, honesto y correcto de todos cuanto pudieron haber existido, ya que se elige en un momento propicio, a la vez que preciso.
Yo por mi parte, a estas alturas de la vida, no tengo todavía un epitafio que me convenza.

Y ustedes, si hicieran un epitafio ¿qué diría?


14 de junio de 2009

Las nauseas electorales


El autor de este blog admite que las campañas electorales le provocan unas terribles y deprorables nauseas. Esto porque cree firmemente que la forma de hacer política en México, indistintamente del partido político que sea, es errónea, por no decir que es una completa basura. Las razones sobre las que se fundamenta para decir esto es que sabe que todo partido político en México se rige por principios antiquísimos que nunca cambian: la mentira, la corrupción, el descrédito, el desprestigio, por mencionar sólo algunos.

También cree que en sí ningún partido político propone nada para mejorar los problemas que aquejan a la población, a saber: la inseguridad, el desempleo, la pésima calidad del sistema educativo, la falta de servicios de salud adecuados… y que lo único que hacen es prometer acciones que no atacan de fondo los problemas y que se anuncian como soluciones rápidas o que de plano les dan la vuelta.

Dicho sistema político, los partidos políticos fastidian en cada temporada previa a las elecciones inundándonos en los medios de comunicación con multitud de anuncios que no aportan nada a la ciudadanía, y que por el contrario lo único que hacen es alimentar la idea cada vez difundida entre la población de que el sistema político es deficiente y que nunca ha sido confiable. De igual forma con mítines, basura en las calles, anuncios espectáculares, y demás parafernalia inservible.

El autor asume que no es el único que siente dichas náuseas, sino que intuye que al igual que él las tienen cientos de miles de personas en todo el país. Hartos de que nos vean la cara de estúpidos, muchos al igual que él han decidido no votar: ninguna de las opciones les es satisfactoria.


Creen que las cosas no mejoraran sólamente con mudarse de un partido a otro, ni depositar su confianza y sus esperanzas en "mesías" candidatos carismáticos, o a una propuesta novedosa y llamativa, ni siquiera apoyando el regreso de un regimen o la perpetuidad del que está en turno y que no ha logrado nada, sino que este cambio debe hacerse de fondo.

Que lo que debe de cambiar es la forma de hacer política en este país, además de crear en cada individuo una conciencia individual y responsable, no de forma barata como lo hace ver un instituto titere del gobierno a través de anuncios color de rosa, alejados de la realidad.

Y mientras que no haya un cambio profundo en México, todos los gobiernos, sean del partido que sea van a seguir las mismas líneas que han llevado al país a ser lo que es ahora: un país de pobres, un país de violencia y de miedo, de apatía y mediocridad, donde se vive apenas con lo mínimo,con muchas carencias y sobretodo desigualdad económica y social.

Y mientras no nos manifestemos todos en contra de esta forma de hacer política y pidamos que una de dos: o trabajen o se larguen, todo va a seguir igual. Propiciaremos que las náuseas sigan apareciendo cada tres años. Abstención por abstención es igual a ir sólo a votar y después olvidarse de todo y seguir dejando todo a la suerte.


“Para que, si la política es algo que no me incumbe, mejor me voy a ver el fútbol o las luchas y me olvido de todo, al fin que ya voté.” Esto es que no por el sólo hecho de votar somos "ciudadanos responsables y comprometidos con el país" ni tampoco por sólo abstenernos cambiaremos la situación actual.


Está en nosotros acabar con esas horribles náuseas electorales, o más bien con lo que las provocan...

2 de mayo de 2009

El amor en los tiempos de influenza


Tirarse a las compras de pánico en los supermercados, seguir en la indiferencia total, esbozar teorías conspiratorias para tratar de explicar la situación... Hay muchas cosas que se pueden hacer en estos días, ya sea rozando el estatus de obsesivos compulsivos o de personas con sentido común intacto. Y es que las masas siempre reaccionan de manera intensa, y no siempre conveniente y ordenada, ante momentos de contingencia, y ya que muchas veces los medios auxilian a estas reacciones... pues los resultados son variopintos: personas que ven que lo peor está por venir y que no quieren ni salir de su casa, etc, etc.
En mi caso puedo decir que soy una persona bastante razonable, modestia aparte, y ecúanime, que ve en estos días de no ir a clases un gran inconveniente: la acumulación de días perdidos de clase resultará en una acumulación de trabajo en los pocos días que le quedan al semestre actual (en el caso de la UNAM el de febrero a julio).


En estos días que la mayoría de los estudiantes gastan en pasar horas frente a la computadora, me las he visto con una investigación acerca de fray Alonso de la Vera Cruz y la lectura de Sobre el amor: comentarios al banquete obra del renacentista Marsilio Ficino. Además de estas lecturas me he terminado otras fuera de mis obligaciones académicas: El jugador, de Fiodor Dostoievski y El amor en tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. La primera una brillante exploración al lado egoísta y adictivo que brota del ser humano cuando se enfrenta al vicio del juego; la segunda una lectura que había comenzado hace varios meses pero que había dejado inconclusa sin motivo.
Aquí resaltan dos cosas: mi caracter de ratón de biblioteca (en este caso de la biblioteca de mi cuarto, jeje) y mi afán por sacar algo de utilidad en situaciones que usualmente parecerían no tenerla. (¿Alguien mencionó al absurdo?)


Y hablando de literatura, en una de estas tardes perdidas me vino a la mente el recuerdo dos libros excelentes que tiene unos años que leí. Me refiero a Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago y La Peste, de Albert Camus, obras que resultan fundamentales en dichos autores ganadores del premio Nobel, las cuales muestran metáforas muy agudas sobre la naturaleza humana y el comportamiento de los individuos en las sociedades ante un acontecimiento de grandes magnitudes, en este caso una epidemia de ceguera blanca y la peste bubónica, respectivamente.


Muy poco o nada tienen que ver con la situación actual, las proporciones son bastante desiguales. Lo interesante es el es buen pretexto que resulta en estos días de inactividad echar un ojo a tan buenos exámenes sobre el comportamiento humano ante situaciones adversas.


Por un lado una aguda crítica a la sociedad de Saramago mediante una metáfora de un mundo de ciegos en el cual sólo una mujer conserva la visión: ¿Cuál sería nuestra responsabilidad en un mundo de ciegos en el que sólo nosotros (en los zapatos de la mujer que ve) podemos ver?


Por otro lado la filosofía existencialista de Camus contada por personajes entrañables: Encerrados en una repentina epidemia de peste en una ciudad de Argelia la cual es aislada de inmediato, la convivencia entre todos ellos hará que comiencen a cuestionarse acerca de lo que son en tanto que seres humanos que se encuentran libres a merced de situaciones que no parecen tener una explicación, en que sólo ellos mismos deberán ayudarse para sobrevivir, aprendiendo de sí mismos.


Para quienes sufran de paranoia provocada por influenza les recomiendo una buena dosis de literatura; así por lo menos se distraeran y dejaran de sentirse por lo menos por un buen rato esa sensación de leones enjaulados que cargan desde hace varios días. Salud.


PD. Me tomé la libertad de colocar al comienzo de esta entrada un cartón magnífico hecho por maese Ahumada, publicado en el siempre punzante blog de Sacatrapos, el cual recomiendo ampliamente en todo momento. En especial en tiempos en que el humor parece ser la mejor medicina contra los males que nos aquejan diariamente.

6 de marzo de 2009

La fiesta de los oscar... segunda parte, Slumdog y la misma trama


Fue hasta hace unos pocos días que pude ver la película ganadora de los premios Oscar en su edición 2009: Slumdog Millionaire, traducida en México como Quisiera ser millionario. Mucho había oído hablar acerca de este filme. Que si la industria de Hollywood por fin había reconocido una película fuera de las tramas que se acostumbran hacer en los EEUU (recordemos que Slumdog... es de producción británico-hindú), que si esta película era un himno a la vida, un mensaje optimista y alentador en medio de estos tiempos de crisis que se viven en el mundo...

En fin, que yo quería ver la mentada película para poder opinar a conciencia. Y la verdad, en lo personal, me ha dejado con la impresión de aquel que a una atracción turística popular que resulta ser poco interesante y muy mediática. Eso es Slumdog, una película muy mediática. Sobrevalorada es la palabra, que se ajusta a la perfección a dicha película.

Una producción que utiliza el realismo como hilo conductor de la primera parte... pero un pésimo desarrollo a la "cuento de hadas" en su segunda mitad. Si, muchos dirán que soy el típico sujeto que piensa que la vida no es felicidad y que alabo el pesimismo. Pues no, Slumdog pudo haber sido optimista y gustarme. Pero fue optimista irreal y no me gustó. Es buena, el argumento es original y hay partes muy emotivas e intensas en ella, pero creo que es una película "buena" a secas. Nada sorprendente.

Curiosamente la reacción de su director y el equipo de producción me dan a mí y a muchos que compartimos estas opiniones, la razón, ya que al hacer esta película nunca se imaginaron pelear por el "premio gordo" de los premios cinematográficos de EEUU (incluir al término "mundo" sería arriesgado), sino que pensaron que la película no iba a recibir mucha atención de los medios.

Podemos explicar esta curiosa cuestión si analizamos el año cinematográfico que acaba de pasar. Hollywood pasa por una de sus peores crisis, no ya económica sino argumentativa-creativa. Vamos, las películas que estuvieron nominadas este año al Oscar no le llegan a muchas de las nominadas del año anterior, o de otros años. Este "vacío" de buenas producciones explica en buena medida el triunfo de Slumdog.

Ya discutía hace unas semanas lo controvertido que es el oscar. Su politización y su preferencia por lo convencional y lo correcto en términos morales. Muchos dirán que Slumdog acabó con ese "sistema" este año. Yo les preguntaría, ¿en verdad rompió con él? Porque si vemos Slumdog detalladamente nos daremos cuenta que en ciertas partes es una trama más del héroe que triunfa al final, lo cual ya es un asunto bastante choteado en la historia del cine de EEUU. Ya saben, el sueño americano, la filosofía utilitarista que permea las relaciones socio-económicos de los habitantes de la potencia más poderosa del mundo.

Así que no nos sorprendamos de que estén por venir más Titanics, más Gladiators, más Chicagos, grandes producciones que maravillan por sus efectos, sus secuencias de acción y sobretodo por las celebridades que participan en ellas. El cine comprometido con la calidad es ignorado, sin más. Los premios oscar me parecen un espectáculo brillante, pero nada más. Más interesante reulta ver películas de festivales europeos, como el de Berlín, Venecia o Cannes, en los que por lo menos hay mejores películas.

19 de febrero de 2009

La Fiesta gringa de los Premios Oscar


Se acerca, como cada año, a finales de este mes, la entrega de los premios de la Academia, mejor conocidos como "Oscares". Ni la crisis presente, la más fuerte desde aquella de los años 30's del siglo pasado, ensombrece el glamour, el colorido, la espectacularidad que representa el "acontecimiento más importante del cine" en aquel país. ¡Impensable! Podrá perderse la guerra de Vietnam, morir Luther King, J.F.K. o sucederse el Watergate, pero nunca dejar de existir uno de los símbolos más poderosos del autodenominado "mundo libre". ¡Ja!

Seamos sinceros, el Oscar es una fiesta, un espectáculo. Pero nada más. La alfombra roja, la aparición de los semidioses llamados "celebridades de Hollywood"... ¿Calidad cinematográfica? Muy pocas veces se puede ver. Si revisan los filmes ganadores de la categoría de Mejor Película a través de la historia (1928- 2008) se podrán dar cuenta de lo que hablo. Rocky, Titanic, Chicago, El espectáculo más grande del mundo, La vuelta al mundo en 80 días, La novicia rebelde son sólo algunos ejemplos... What? The Best Pictures? ¿Dónde quedaron filmes como Ciudadano Kane, Odisea 2001, Terciopelo Azul, Toro Salvaje, Taxi Driver, etc, etc.? Aquellas cintas que debían premiarse como se merece fueron ignoradas. ¿Por qué razón? ¿Mejor película o Película más conveniente?

"Mejor película" se llama el premio principal. Sólo es eso, el nombre, porque los oscares están teñidos de política. Los "académicos", esos que votan para elegir lo mejor del cine del año anterior, entre los que se encuentran críticos de cine, productores, algunos actores, directores y especialistas técnicos del cine (fotógrafos, editores de sonido, etc, etc.) premian, por lo general, un mensaje, una tendencia, una moraleja más que una buena película. Aquellos llamados "valores americanos" tan choteados y vomitivos, irónicos porque sólo los gringos saben que significan [Irak, Afganistán, Vietnam, Corea del norte, etc, etc, nunca los entendieron]: justicia, democracia, el-eterno-tema-del-héroe-que-se-sobrepone-a-la desgracia-y-triunfa, valor, etc... son los temas que dominan las películas valoradas por la Academia. ¡Oh! ¿Moral o buen cine? He ahí la paradoja. Los oscares son la historia de la primera. Lo politicamente correcto domina por sobre la calidad cinematográfica.

Esto quiere decir que las películas subversivas, escandalosas, violentas, con temas tabú y/o controvertidas son relegadas muy a pesar de su buena calidad. Ejemplos: Secreto en la montaña, Pulp Fiction, Rescatando al Soldado Ryan, La naranja mecánica, L.A. Confidential, además de las mencionadas con anterioridad son algunas que nunca ganaron el dichoso premio, a pesar de que lo merecían con creces. Omisiones que a través de la historia pesan y hacen que se cuestione el prestigio de estos supuestos "mejores premios" de la que se hace llamar la "mejor industria cinematográfica" del mundo.

Continuará...

7 de noviembre de 2008

Síndome de la página blanca: el vértigo de la escritura...



Ya sea desde la simple carta que alguna vez hicimos cuando mocosos para declarar nuestras intenciones a la niña que nos gustaba en la primaria, hasta el ensayo de fin de semestre que debemos entregar y que vale 80% de la calificación de la materia... La labor de escribir es siempre difícil, y puede llevarnos a la frustración y a la impotencia cuando los resultados no son los que se esperaban obtener.

En ciertas ocasiones nos aborda cuando tomamos la pluma y el papel un terrible: "¿y qué escribo?", el cual, cuando no es resuelto rápidamente, bien nos puede llevar al odio por la redacción, por las letras, y en general a todo aquello que tenga que ver con la palabra escrita.

Interpretemos esta pregunta correctamente. No es tanto el qué escribo sino un cómo lo escribo. Tenemos la idea en mente, pero no podemos dar paso a ella de una manera apropiada en el papel. Es como si el lenguaje fuera incapaz de representar nuestros pensamientos, que nos parecen harto complejos e intrincados entre sí.

Quiero pensar que con respecto a un blog la cosa suele ser igual. Si bien muchos aligeran la presión contando un sinnúmero de aventuras y hechos noticiosos y de diversa índole en él (desde sus experiencias en el amor hasta el nuevo cepillo de dientes que salió al mercado y que les ha cambiado la vida, el cual quieren que todos experimenten), no dejamos de enfrentarnos, al menos una vez cada cierto tiempo al llamado "síndrome de la página blanca", esa inmensidad que se nos presenta como el más vertiginoso de los precipicios de la escritura.

Citas textuales aparte, Novalis, seudónimo de Georg Friedrich Philipp Freiherr von Hardenberg, uno de los grandes escritores del romanticismo alemán que igual cultivó diversos géneros como la filosofía que la poesía, dijo en uno de sus Fragmentos que "un escritor nunca producirá nada bueno si no sabe tratar sino de sus propias experiencias, de sus objetos preferidos, si no puede esforzarse en estudiar con atención y describir con esmero también un objeto completamente ajeno a él, con el que no le ligue ningún interés personal"

El consejo de Novalis me parece muy interesante, enseñarse a escribir es un acto que debe tender a lo universal, tanto en el microcosmos (nosotros mismos) como en el macrocosmos (el mundo externo), es intentarlo todo, desde la simple escritura de un diario personal en el cual recoger las impresiones cotidianas hasta situaciones más allá de nosotros mismos. Tratar acerca de infinidad de temas y cuestiones, abordar diversas perspectivas y puntos de vista tarde o temprano nos terminará proveyendo de las armas suficientes para afrontar los retos que se nos pongan enfrente.

También pienso que una mente clara trabaja mejor en un escrito. Algunas ocasiones la falta de concentración o el impetú nos ganan, y provocan el caos del mentado síndrome. ¿Cuántas veces no hemos tenido la idea, partes que ya hemos pensado con detenimiento que vamos a escribir pero en el momento de hacernos se nos arremolina todo y nos bloqueamos por completo? Queremos escribirlo todo en un instante, y acabamos bloqueando la puerta de la que deben de ir saliendo las palabras, una a una a su tiempo. Esto es más que nada problema de estructura, que debemos de preveer de antemano haciendo un plan de trabajo: introducir el tema o dar una reseña de lo que se hablará, luego ir desarrollando cada punto por separado, y por último anotar las conclusiones o las impresiones particulares sobre el tema (si las hay).

La ortografía es un problema también. Creemos que lo que escribiremos lo haremos mal, mala sintaxis, mala puntuación, etc. Aunque tengamos a la mano el indispensable diccionario el viacrucis no acaba. Aún permanece la incertidumbre. En este caso, nada mejor que leer, desde el periódico hasta la poesía y las novelas. Esto si que ayuda a formarnos una idea de como poner los acentos y como dar pausas cuando se deba y cuando irnos seguido en el párrafo. El síndrome de la página blanca es más frecuente en las personas que no se relacionan con la escritura, esto es que no están acostumbrados a escribir o a leer.

Este eterno interno los invita a escribirlo todo, a agotar el universo en palabras hasta que nuestra mano quede inerte e inservible. A no tenerle miedo a las palabras, las cuales son un regalo increíble que posee el hombre, el cual no hay que dejar desaprovechar. Echar a perder bastantes cuartillas y hojas, eso sí. Porque entrenarse en la disciplina de la escritura nunca ha sido fácil, ¿o acaso todos nacimos siendo Kafka o Dostoievski?...