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16 de mayo de 2015

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Rubén Bonifaz Nuño


No me ilusiono, admito, es de mi gusto,
que soy un hombre igual a todos.
Trabajo en algo, cobro
mi sueldo insuficiente; me divierto
cuando puedo, o me aburro hasta morirme;
hablo, me callo a veces, pido
mi comida, y a ratos
quisiera ser feliz gloriosamente,
y hago el amor, o voy y vengo
sin nadie que me siga. Tengo un perro
y algunas cosas mías.

En general, no estoy conforme
ni me resigno. Quiero mi derecho,
de hombre común, a deshacerme
la frente contra el muro, a golpearme,
en plena lucidez, contra los ojos
cerrados de las puertas; o de plano
y porque sí, a treparme en una silla,
en cualquier calle, a lo mariachi,
y cantar las cosas que me placen.

También, monumental, hago mi juego
en serio con las gentes,
según las reglas, y reclamo
mis ganancias y pérdidas, y busco
la revancha, o perdono
por generoso o por flojera.

Manos de hombre tengo; manos
para tomar, de las cosas que existen,
lo que por hombre se me debe,
y, por lo que yo debo, hacer algunas
de las cosas que faltan.

Y reconozco que me importa
ser pobre, y que me humilla,
y que lo disimulo por orgullo.

Tú, compañero, cómplice que llevo
dentro de todos, junto a mí, lo sabes.
Hermano de trabajos que caminas
en hombres y mujeres, apretado
como la carne contra el hueso,
y vives, sudas y alborotas
en mí y conmigo y para mí y contigo.



De Fuego de pobres (1961)


1 de junio de 2011

La Trapecista


La trapecista encarna el drama del amor
y está siempre en manos del aire.

La trapecista no comparte el estigma:
ser de la tierra y regresar a la tierra;

vivir atados al polvo
por la ley de la gravedad y por la pesadumbre del cuerpo.

La trapecista actúa siempre con dos
pero nunca se queda con ninguno.

Se hunde y vuela en la noche en donde no hay red.
Su cuerpo se hace vida ante la muerte.

La trapecista es el deseo que se va.
Se halla al alcance de la mano y escapa.

Alta como una estrella en su desnudez,

su arte de estar presente se llama ausencia.


José Emilio Pacheco, fragmento de "Circo de noche", en El silencio de la luna, poemas (1985-1996).

3 de mayo de 2011

Poema 303

El Alma elige su propia Compañía-

Después- cierra la Puerta-

A su divina Mayoría-

Ausente ya-


Impasible- ve a las Carrozas- detenerse-

Ante su humilde Puerta-

Impasible- así un Emperador se arrodille

Sobre la Estera


La he visto- entre numerosa grey-

Escoger sólo a Uno-

Y cerrar- luego- la Válvula de su atención

Como una Piedra


Emily Dickinson

1 de marzo de 2010


Sospechemos, querida,

de esta misteriosa caja

en cuya tapa está

nítidamente inscrita

en grandes letras

“Inmortalidad”

No nos acerquemos, a pesar

de que la gente proclama las maravillas que encierra

las cuales son demasiado buenas para ignorarlas,

sino sigamos de largo, juntos,

dando un gran rodeo.

Silenciosos. En puntillas.

Aguantando la respiración.

Si la miramos, vamos a querer tocarla.

Y no debemos, porque (algo me lo dice)

aunque lo hagamos con sumo cuidado

si empezamos a manosearla

se abrirá

y saltará la muerte


E. E. Cummings


****


No me importa que un poeta como Cummings (uno de mis favoritos, por cierto) sea muy difícil de traducir. Confío en esta versión que encontré de uno de sus poemas, el cual viene en un libro de poesías suyas titulado: "En epoca de lilas : cuarenta y cuatro poemas", traducción de Juan Cueto-Roig.

Y, ¿alguien dijo que estoy obsesionado con el tema de la muerte en estos últimos días?

18 de diciembre de 2009

Encuentro

Estas colinas duras que han formado mi cuerpo
y lo sacuden con tantos recuerdos, me han abierto el prodigio
de aquella que no sabe que la vivo y no llego entenderla

Me la encontré una noche: una mancha más clara
bajo las inciertas estrellas, en la oscuridad del verano.
Percibíase en torno la fragancia de estas colinas
más profunda que la sombra, y de repente sonó,
como si saliera de estas colinas, una voz más limpia
y áspera, a la vez, una voz de tiempos perdidos.

Alguna vez la veo, y se pone ante mí
definida, inmutable, como un recuerdo.
Nunca he podido asirla: su realidad
cada vez se mes escapa y me lleva más lejos.
Si es bella, no lo sé. Es joven entre las otras:
me sorprende, al imaginarla, un lejano recuerdo
de mi infancia vivida entre estas colinas,
tan joven es. Semeja la mañana. Me muestra en los ojos
todos los cielos lejanos de aquellas mañanas remotas.

Y tiene en los ojos un firme propósito: la luz más limpia
que jamás tuvo el alba sobre estas colinas.

La he creado del fondo de todas las cosas
que me son más queridas, y no llego a entenderla.


Cesare Pavese

19 de agosto de 2009



[...]

Silencio la tierra va a dar a luz un árbol
Tengo cartas secretas en la caja del cráneo
Tengo un carbón doliente en el fondo del pecho
Y conduzco mi pecho a la boca
Y la boca a la puerta del sueño
El mundo se me entra por los ojos
Se me entra por las manos se me entra por los pies
Me entra por la boca y se me sale
En insectos celestes o nubes de palabras por los poros
Silencio la tierra va a dar a luz un árbol…

Vicente Huidobro
Altazor, I, 642- 651

28 de julio de 2009

Cuando la tarde...


Cuando la tarde cierra sus ventanas remotas,
sus puertas invisibles,
para que el polvo, el humo, la ceniza,
impalpables, oscuros,
lentos como el trabajo de la muerte
en el cuerpo del niño,
vayan creciendo;
cuando la tarde, al fin, ha recogido
el último destello de luz, la última nube,
el reflejo olvidado y el ruido interrumpido,
la noche surge silenciosamente
de ranuras secretas,
de rincones ocultos,
de bocas entreabiertas,
de ojos insomnes.

La noche surge con el humo denso
del cigarrillo y de la chimenea.
La noche surge envuelta en su manto de polvo.
El polvo asciende, lento.
Y de un cielo impasible,
cada vez más cercano y más compacto,
llueve ceniza.

Cuando la noche de humo, de polvo y de ceniza
envuelve la ciudad, los hombres quedan
suspensos un instante,
porque ha nacido en ellos, con la noche, el deseo.


Xavier Villaurrutia

22 de mayo de 2009

Esa batalla


Se nos ha ido Mario Benedetti, poeta donde la vitalidad y el amor conviven en versos hermosos y prosa vigorosa. Entra así, de manera definitiva al plano de los eternos, algo que por otro lado no le hace falta: ya lo había visitado en sus libros muchas veces antes. Uno de mis poemas favoritos escritos por él lo pongo aquí para honrar su memoria. Descanse en paz señor Benedetti.

¿Cómo compaginar 
la aniquiladora
idea de la muerte
con ese incontenible
afán de vida?
¿Cómo acoplar el horror
ante la nada que vendrá
con la invasora alegría
del amor provisional
y verdadero?
¿Cómo desactivar la lápida
con el sembradío?
¿la guadaña
con el clavel?
¿Será que el hombre es eso?
¿esa batalla?

 
  Mario Benedetti


14 de marzo de 2009

Revelación


*****

LO SUPE de repente:
hay otro.
Y desde entonces duermo sólo a medias
y ya casi no como.

No es posible vivir
con este rostro
que es el mío verdadero
y que aú
n no conozco.


*****


Rosario Castellanos